Lunes 22 DE Abril DE 2019
Opinión

El gobierno empezará en el 2017

Fácil anticipar su agenda y operaciones.

 

— Edgar Gutiérrez

El año está terminando con una moneda lanzada al aire. No hay un avance consolidado en ninguno de los campos de las reformas, pero tampoco retrocesos evidentes. La maquinaria de persecución penal sigue triturando estructuras mafiosas y semimafiosas, mientras los procesos judiciales se van acumulando. Será probablemente hasta en 2017 que se llegue a algunas sentencias de alto impacto. Las reformas a la Constitución quedaron en suspenso y será la próxima Junta Directiva del Congreso la que las tramite.

La tensión es clara entre dos fuerzas con objetivos irreconciliables. Por un lado, están quienes tratan de avanzar en la lucha contra la corrupción y el desmantelamiento del Estado patrimonialista. Por otro lado, aquellos que resisten el embate que les despoja un tradicional modus vivendi. El 2016 inició con la ofensiva de los primeros y está terminando con el reposicionamiento de los segundos. En esa ofensiva se cometieron algunos errores estratégicos, que ha permitido al status quo organizar filas y lanzar su contraataque.

El 2017 arrancará, previsiblemente, con esa contraofensiva, que, aunque parezca insensato decirlo, era necesaria. Este año no hubo gobierno, ni tuvimos Presidente. A Jimmy Morales se le evaporó el capital político en apenas un año, por inacción. La oposición hizo el trabajo de gobierno y levantó una agenda sustantiva en el Congreso, quizá la más notable desde 1986. Pero el próximo año el gobierno, la bancada oficial FCN-Nación y sus aliados en el Congreso y en las cortes, saldrán por fin a ejercitar el músculo de su poder político.

No hace falta mucha imaginación para anticipar su agenda y la naturaleza de sus operaciones. Será la restauración del viejo modus operandi, desafiando abiertamente la maquinaria penal y a la ciudadanía que, en apariencia, se enfrió después de los movimientos de 2015. Así, vendrán de nueva cuenta los escándalos por corrupción, tráfico de influencias, nepotismo y la reconstitución de redes clientelares con vistas a las elecciones de 2019. Será la piñata del presupuesto recién aprobado. La CICIG y el MP estarán demasiado ocupados evacuando casos en los tribunales, y materialmente se les complicará perseguir en tiempo real a los nuevos responsables. La ciudadanía tendrá la sensación de entrar a un callejón sin salida.

Pero como la relación seguirá tensa, es muy probable que los fiscales den nuevos golpes y la situación en el Congreso sea más compleja, igual que en las cortes. Por si fuera poco, esa pequeña dinámica local se verá arremolinada por el cambio del entorno internacional. Lo que el status quo celebra aún como triunfo suyo, vislumbrando un promisorio abanico de oportunidades que apalancan su actual contraofensiva (la llegada de Trump a la Casa Blanca) se le podría revertir. La relación costos (contratos de lobistas, etcétera) y beneficios, será decepcionante para ese status quo, incómodo con el “poder blando” del establishment de Washington. La mala noticia es que conocerá la cara del “poder duro”, sin que la agenda cambie una sola línea.

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