Domingo 15 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Re-significar los Acuerdos de Paz

Con sus bemoles y sostenidos, el último pacto nacional con legitimidad social es estéril.

Fecha de publicación: 03-12-16
Por: Franco Martínez Mont

En la antesala del segundo decenio de la firma de los Acuerdos de Paz, muy poco se ha avanzado en el cumplimiento de los mismos, un pacto para el cese al fuego que irónicamente no permitió la construcción de un proyecto político de izquierda fuerte e inclusivo, un fenómeno teatral donde la guerrilla y el Gobierno limaron “asperezas”, pero donde el rancio empresariado y sus satélites hegemónicos boicotearon los aspectos torales de los Acuerdos y la Consulta Popular de 1999, una agenda maximalista sin metas e indicadores presupuestarios claros (institucionalidad disfuncional y ausente costeo estratégico para su implementación), un proceso que oenegizó a la ciudadanía, existe una responsabilidad no asumida por la cooperación internacional en este punto.

Empero, cabe reflexionar sobre las siguientes premisas, a saber: ¿Cuál es la estrategia política para reducir el presupuesto de defensa y reorientarlo al gasto socioambiental (educación, salud, vivienda popular, medioambiente y alimentación)? ¿Cuáles son los compromisos que no ha cumplido el sector privado en los Acuerdos de Paz (empleo, competencia y fiscalidad)? ¿Cómo ha evolucionado la injerencia de Estados Unidos en el país en la posguerra (narcotráfico, migración y terrorismo)? ¿Por qué los Acuerdos de Paz pese a que se convirtieron en una Ley Marco, no lograron operativizarse en políticas públicas para el bienestar común (plan y presupuesto)? ¿Quiénes ganaron con los Acuerdos de Paz?

A manera de colofón, los Acuerdos de Paz no han sido el vehículo para desmilitarizar el Estado y la sociedad, de hecho refuerzan, legalizan y legitiman el proyecto político de los militares vinculados a violaciones a DD. HH. en el conflicto armado interno (Avemilgua y FCN-Nación reactivan los patrones biopolíticos en contra de los movimientos sociales), no han fortalecido la estatalidad, más bien han creado las condiciones para consolidar el Estado neoliberal –ahora con una marcada matriz extractivista y energética– (mercado oligopólico, privatización de activos públicos y desregulación laboral), no han creado las condiciones para transformar la estructura agraria y tributaria, no han contribuido a reducir la inservible partidocracia, de hecho se ha incrementado el financiamiento electoral ilícito, y fundamentalmente no han permitido que el CNB, es decir, que la matriz educativa y cultural se construya bajo criterios de una historicidad crítica, revolucionando así los imaginarios sociales (racismo, clasismo, machismo y autoritarismo).

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