Lunes 20 DE Mayo DE 2019
Opinión

Misericordia

Más allá de la lástima.

Fecha de publicación: 02-12-16
— Álvaro Castellanos Howell

Acaba de terminar el año que el papa Francisco declaró el año Jubilar de la Misericordia. Inició el 8 de diciembre del año pasado, y desde entonces, ojalá se hubiese incrementado la solidaridad entre nosotros.

Me dio curiosidad saber el origen etimológico de la palabra que titula esta columna. Viene de las palabras latinas miser (miserable, desdichado) y cor o cordis (corazón) acompañado del sufijo ia (hacia los demás); lo que todo en conjunto significa tener la capacidad (¿el corazón?) de sentir la desdicha de los demás.

La palabra “miserable” es fuerte. De hecho la usamos a veces como un insulto.

El mismo Diccionario de la Lengua Española evidencia que, más allá del “digno de compasión” (miserabilis), nuestro bello idioma le ha dado otras acepciones.

Se puede usar para identificar a una persona ruin o canalla, avara, o extremadamente tacaña. Inclusive el mismo vocablo, aplicado a cosas, se refiere a algo insignificante o sin importancia.

Pero otras acepciones de la palabra miserable, esa de la que deriva la palabra misericordia, se refiere a personas extremadamente pobres, desdichadas, abatidas o infelices.

Entonces, la misericordia, como primer resultado concreto, nos debería hacer rescatar el verdadero sentido y origen de la palabra miserable. Es aquella persona digna de compasión. Aquella por quien debemos sentir su desdicha.

Y vaya si Guatemala no es un “paraíso” para ejercer entonces la misericordia. Lo digo, principalmente, por la pobreza que nos azota.

Según datos divulgados en Soy502, 9.8 millones de guatemaltecos viven en pobreza y pobreza extrema. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2014, que es la más reciente, demuestra que, en general, seis de cada diez habitantes son pobres, y en la población indígena, ocho de cada diez.

¿Somos el único país que retrocede ante las famosas “metas del milenio”?

Esta columna solo busca una cosa: que cada uno piense cómo puede ejercer la misericordia. Pues, que el año Jubilar ya haya concluido, no quiere decir que el deber se haya agotado o quedado sin vigencia. Por el contrario, ese año tuvo que haber servido para darle su debida ubicación y relevancia a este valor. Hay obras de misericordia espirituales y materiales. Los “miserables” merecen ante todo, las materiales. “Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento” son tan solo un par de muestras palpables de qué hacer. Otras formas: pagar impuestos y luchar contra la discriminación.