Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

En el Día del Periodista

— Editorial
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Mediante el Decreto # 47-72 del Congreso de fecha 25 de julio de 1972, publicado en la edición del Diario de Centro América (Diario Oficial) correspondiente al 21 de agosto de 1972, se declaró el 30 de noviembre de cada año como Día del Periodista y se decretó que ese día sería de asueto con goce de sueldos para los trabajadores que presten sus servicios de periodismo a empresas privadas y al Estado.

Inequívocamente, el respeto a la libertad de pensamiento y expresión es esencial para que las personas puedan externar o manifestar sus pensamientos, ideas, ideales, sueños, enfoques, opiniones, puntos de vista, válidos o legítimos para unos, o equivocados para otros, así como para que la ciudadanía se mantenga informada, para que el debate pacífico sustituya a la supresión del otro y la violencia, para que un gobierno conozca cómo piensa la oposición política y la disidencia. En fin, la regencia de la paz y la armonía en la diferencia. “No comparto lo que dices, pero daría mi vida para que lo digas”, expresa Voltaire, el apóstol de la tolerancia.

Al respecto Jorge Eduardo Fascetto señala que “no hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión de ideas, y el ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades, sino un derecho inalienable de los pueblos”.

Sin tolerancia la confrontación de ideas no es posible y sin esta esencial contradicción no hay inteligencia crítica. Sin inteligencia crítica la lógica de lo razonable, o sea la razonabilidad, cede ante el dogma, la demagogia, el fanatismo, el antidiálogo y la imposición.

En ese sentido, Gregorio Badeni afirma que “si a las personas se les niega el acceso a la información, se les veda expresar sus pensamientos, se les priva de su derecho a emitir y conocer opiniones, la manifestación de sus ideas no será libre. Sin libertad de expresión no puede haber convivencia democrática ni como forma de gobierno ni como estilo de vida”.

En Guatemala, y en América Latina en general, la intolerancia y la resistencia y criminalización de la libertad de expresión de ideas siguen siendo una realidad ostensible y lamentable.

Los comunicadores y periodistas son objeto todos los días de atentados, agresiones, censuras, encarcelamientos, destierros y crímenes en general; y, por asimismo, de la barbarie de cobardes e intolerantes que no soportan que se diga la verdad, que se les contradiga o, peor aún, que se les denuncie y evidencie.

Asimismo, los periodistas y comunicadores tienen que enfrentar a gobiernos o autoridades intolerantes que no soportan la crítica, la disidencia, el planteamiento diferente ni el periodismo de investigación, que les saca sus trapos al sol.

De ahí la importancia de que el Estado de Guatemala acredite que está comprometido con el ejercicio de la libertad de expresión de ideas mediante la implementación de un programa de protección de los periodistas y comunicadores, con la efectiva participación de las asociaciones y organizaciones de periodistas, entidades de prensa y medios de comunicación social.

¡Vivan los periodistas y comunicadores!

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