Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

A propósito del Presupuesto del Estado

— Jose Rubén Zamora
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En 2012 el Presupuesto del Estado era de Q60 millardos. En 2017 alcanzará Q77.3 millardos, mostrando en cinco (5) años un incremento impresionante del 29 por ciento. Este aumento no ha mejorado la calidad ni la cobertura de la salud, de la educación ni de la seguridad. La infraestructura lejos de mejorar ha experimentado un severo deterioro y los niveles de pobreza han aumentado de manera injustificable.

La razón es que los destinos del gasto público carecen de sentido: alimentar la corrupción; cumplir las irracionales asignaciones constitucionles fijas que han transformado el Presupuesto del Estado en un instrumento rígido sin ningún impacto social; el clientelismo cuyo caso paradigmático es el caso de los onerosos y lesivos pactos colectivos con los sindicatos del Estado y el exceso de gastos superfluos y burocráticos.

En 2017, de cada quetzal del Presupuesto de gastos e inversión pública, 66 centavos tendrán como destino salarios de funcionarios del Estado, 16 centavos serán para pagar y cubrir deuda pública y en consecuencia, solamente, 18 miserables centavos, en teoría, si es que desaparece la corrupción, regresarán en servicios para la población. Es imposible esperar y pretender cambios profundos si no se reorienta y se flexibiliza radicalmente la estructura del gasto y la inversión pública, privilegiando la educación, la salud, la seguridad y la infraestructura.

Se estima que a nivel Latinoamericano, las plazas fantasma, en promedio, alcanzan el 15 por ciento. En Guatemala alcanzan el 24 por ciento. Es urgente y esencial realizar un censo riguroso de las planillas del Estado, que permitan erradicar las inmorales e ilegales plazas fantasma, localizadas fundamentalmente en educación y salud, pero que existen en todas las instituciones del Estado.

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