Lunes 22 DE Abril DE 2019
Opinión

Castro o el interés nacional

Una clase media que consume cultura.

 

— Edgar Gutiérrez

Se puede estar o no de acuerdo con el proyecto político que Fidel Castro impuso en Cuba durante 57 años, pero no se le puede regatear que situó a ese pequeño país en el centro de la geopolítica del siglo XX y lo que va del siglo XXI. Lo dio a respetar. No es casual que 106 naciones acrediten embajadas en La Habana (más del triple de las misiones diplomáticas que albergamos en la Ciudad de Guatemala) y que la diplomacia cubana esté desplegada en 147 países de todos los continentes, incluyendo 122 embajadas, 22 consulados y 3 representaciones multilaterales.

Su régimen político evolucionó muy poco en este periodo y su sistema económico apenas dio para flotar, pero sin un pilar interno real y sólido no hubiese sobrevivido. Una de las veces que visité la Isla un diplomático europeo me confió su hipótesis: el día que Washington mida que el régimen tiene menos del 40 por ciento del respaldo activo de la población, ese día lo tumba. Quiere decir que el imperfecto sistema político y económico que Castro promovió tenía un claro beneficiario.

No creo que haya en América Latina una juventud más culta que la cubana, ni más orgullosa ni con más carácter e identidad. Sabían que se lo debían a Castro y a su imperfecto régimen, y la mayoría no era malagradecida, aunque quizá resentían no poder viajar libremente ni tener acceso a otros bienes de consumo de los jóvenes de clase media del hemisferio. Al cabo, eso construyó Castro en Cuba: un país con más del 90 por ciento de clase media, si por tal entendemos no tener dinero en el bolsillo, en la cuenta bancaria, carros y casas, sino bienes culturales. Saber acceder y disfrutar a los clásicos del teatro, la música, la plástica y la literatura. Es otro tipo de consumo.

En Guatemala conocimos las dos caras de Cuba, que no fue otra cosa que la proyección de su interés nacional. Durante la llamada Guerra Fría, Castro exportó su revolución hacia tierras continentales, que fue un fósforo en una extensa pradera seca. No es que las guerrillas hayan sido inventadas por Castro (aunque las inspiraba), es que había condiciones materiales y políticas (represión, fraudes electorales) para su florecimiento. Clausurada la Guerra Fría, Castro exportó lo mejor de su revolución (que no era por supuesto su régimen político ni su sistema económico): su juventud culta, profesional (médicos, maestros), con incomparable vocación de servicio, al punto que hizo ver mal a nuestros propios médicos y maestros, exhibiendo el bajo compromiso con su propia gente.

Sin una estrategia geopolítica del alcance de Cuba en 57 años, que era proporcional a la estatura de Fidel Castro como líder y referente mundial, su proyecto político no hubiera sobrevivido, a apenas 166 kilómetros de la Florida, frente a un proverbial bloqueo comercial y a los mayores giros de la Historia del siglo XX, el más breve según Eric Hobsbawm, que inició en 1914 y concluyó en 1991.

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