Domingo 9 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Buscando culpables y evadiendo responsabilidades

La realidad es mucho más compleja y pronto verán que no son posibles cambios sin diálogos profundos, concesiones de las partes y costos a ser absorbidos, por unos y por otros.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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Siempre el ser humano ha encontrado fuera de sí mismo, las causas a sus problemas. Desde Adán y Eva, cuando culparon a la serpiente por su expulsión del paraíso, hasta ahora que opinamos y actuamos con base a nuestra circunstancia personal pero sin tomar responsabilidad sobre los problemas que enfrentamos. La culpa nunca parece ser nuestra. Ocurre en cosas pequeñas en el trabajo, en la mayor parte de los accidentes viales, en las metas no alcanzadas, en el atraso de los proyectos o en las discusiones de la problemática nacional. Incluso tenemos la palabra mágica: fíjese. La palabra que antecede toda explicación para algo que salió mal. Pocas veces se acepta responsabilidad en el problema y se traslada siempre a otra persona o entidad.

Para los problemas nacionales esperamos soluciones instantáneas, casi mágicas. Por ello, las promesas electorales exageradas son tan atractivas. Promesas de elevar aranceles para evitar los productos importados y recuperar trabajos perdidos, o deportar a millones de inmigrantes indocumentados, o acusaciones de no respetar la vida humana, impulsaron a millones de votantes estadounidenses que buscan una solución fácil a su problemática actual. La realidad es mucho más compleja y pronto verán que no son posibles cambios sin diálogos profundos, concesiones de las partes y costos a ser absorbidos, por unos y por otros.

En Guatemala, el debate central gira en torno a las reformas constitucionales que pretenden modificar el funcionamiento de nuestro sistema de justicia. Para quienes están cómodos con el statu quo, parece poco prudente cualquier cambio y menos abrir el tema del funcionamiento de esquemas de justicia en el ámbito indígena. Veinte años después de la firma de la paz, se insiste que se necesita más tiempo para analizar las reformas. Se recurre al argumento de un solo Estado, el mío. Nos parece el arbitraje para resolver problemas empresariales pero hay oposición a las funciones jurisdiccionales de los pueblos indígenas. El tema radica en la aceptación voluntaria de las partes a esta jurisdicción y que se enmarque dentro del respeto a la Constitución y a los derechos humanos. No debería ser tan complejo el tema. Los fantasmas, sin embargo, nos persiguen y algunos grupos extremistas, con sus actuaciones, fundamentan los temores de confrontación social. Los políticos, por su parte, tiemblan ante las reformas al antejuicio. Sobre el tema de la carrera judicial, también afloran los intereses. El debate es poco objetivo y muy emocional.

En ambos casos hay problemas objetivos a ser resueltos. En Estados Unidos, al igual que en Guatemala, están creciendo las brechas entre las ciudades y poblados pequeños del interior del país. El nivel de vida, la preparación profesional, la integración global, la actitud ante el cambio tecnológico y, por sobre todo, los ingresos son diferentes para las familias en una y otra ubicación. La solución no es volver la vista atrás. El desafío es integrar a quienes han sido relegados o marginados.

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