Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

No

Sí a las reformas, pero como están planteadas no.

 

— Danilo Parrinello
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Es mi opinión que si las reformas a la Constitución salen del Congreso sin ser discutidas y modificadas en lo que se refiere a la Jurisdicción Indígena (Jurisdicción que debiera conocer únicamente lo referente a faltas), y al Consejo Nacional de Justicia, (que debe ser un ente estrictamente administrativo), nos veremos obligados a votar NO en la Consulta popular. Digo esto porque creo que las reformas se han hecho a la carrera, como si se estuviera modificando el Reglamento de Tránsito y no la Constitución, seamos serios. Amables lectores, el sábado 15 de octubre, en estas páginas publiqué un artículo titulado Peor el remedio que la enfermedad, decía ahí: “Con las cacareadas reformas a la Constitución Política de la República de Guatemala, en el sector Justicia han surgido voces sensatas que nos ponen en qué pensar”. Decía también que no podemos ser borregos que vamos a aceptar lo que del Congreso salga y dar un sí o un no, sin antes haber conocido y discutido las reformas. También recordaba que la única reforma que se ha hecho a nuestra Constitución en el año 1994 resultó un mamarracho y lo único bueno que tuvo fue la depuración del Congreso.

Ahora preguntémonos ¿En qué va a mejorar nuestra vida con el manoseo a la Constitución? ¿Hay algo en ese proyecto de anónimo origen que mejorará nuestras vidas, o solo se están satisfaciendo nefastos intereses que traerán más conflictividad y retraso al desarrollo del país? Para contestar esto vayamos por partes.

Primero: ¿De dónde nacen estas poco felices reformas que se quieren imponer a troche y moche? Veamos la génesis del esperpento, que ahora está en el Congreso. Un día sin qué ni para qué se nos presenta un “proyecto”, que se dice sotto voce, lo ha hecho la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), aduciendo que se hace necesario fortalecer el sector justicia y que sospechosamente es apadrinado por los Presidentes de los tres poderes del Estado.

Segundo: Se va en romería por la República, buscando el aval popular al proyecto de marras y se convoca, a unos “diálogos” (que nunca lo fueron) en que supuestamente participaron diferentes actores de la sociedad guatemalteca para discutir y modificar el proyecto en mención. Y para arribar a conclusiones se nombra una “Secretaría Técnica” que va incluyendo lo que a ella interesa, no lo que los grupos exponen y solicitan como lo denunció el Rector de la Usac, el miércoles pasado.

Tercero: Se presenta al Congreso, el “proyecto”, ahora ya no por los Presidentes de los órganos del Estado sino por un grupo de “honorables” diputados y se pretende aprobarlo sin discusión.

Señores, así no se hacen las cosas. Aquí no necesitamos tecomates para nadar, hay expertos constitucionalistas que pudieron haber elaborado o revisado el proyecto presentado al Congreso, y con el permiso de ustedes daré los nombres de algunos que podrían hacer esa revisión: Jorge Mario García Laguardia, Carlos Molina Mencos, Gabriel Orellana, Estuardo Ralón, José Quezada, Mario Permuth, entre otros. “…despacio que tengo prisa” decía Napoleón.

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