Jueves 21 DE Marzo DE 2019
Opinión

El buen juez hizo lo correcto

No debe usarse la prisión preventiva para fines que no le corresponden.

 

— Acisclo Valladares Molina
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La prisión preventiva no constituye sino una medida excepcional que tiene como único objeto asegurar la presencia del imputado en el proceso y/o impedir que este pueda entorpecer las investigaciones que deban realizarse, medida excepcional que, en consecuencia, no debe aplicarse si existe –dadas las circunstancias– otra forma de que esta presencia se garantice y de que la libertad no perjudique el giro de lo que deba investigarse.

Eliminado el peligro de fuga y realizadas las investigaciones, debe cesar de inmediato puesto que jamás se debe aplicar como castigo siéndolo como lo es, inocente el ser humano, en tanto no se pruebe lo contrario.

Tal y como existe el buen juez, también existe el buen fiscal –jamás esbirro ni encubridor– funcionario que debe pedir con idéntica firmeza que se decrete y sostenga la prisión provisional si existe el peligro de fuga o si la libertad del sindicado pudiera perjudicar la investigación, como que se le deje en libertad si no se dan o si se han superado ya tales circunstancias.

En el caso de la mujer embarazada que se encontraba guardando prisión provisional –a pocos días de dar a luz– era poco menos que obvio que no existía el peligro de fuga y que, a estas alturas, cualquier investigación que hubiera debido realizarse debía estar concluida, habiendo hecho bien el buen juez, la buena jueza, al dejarla en libertad (detenida en su casa).

De igual forma que existe el buen juez, también existe el buen fiscal, aquel que no es esbirro, ni encubridor y que con idéntica firmeza pide la condena del culpable como la absolución del inocente; la prisión preventiva, si existen los peligros de fuga o de obstaculización de la justicia, como su sustitución por otra medida si no existen o dejan de existir.

Las funciones de juez y de fiscal no son fáciles, en absoluto y –a veces– podrían ser impopulares cuando, con la ley en la mano, se sustraen de la clac mediática y hacen que prevalezca la justicia.

En este mismo caso –entrando ya a lo sustantivo– es importante recordar que, en materia penal, debe lograrse que prevalezca la verdad material –en otras palabras, la verdad– más allá de todo formalismo y que la fragmentación de una compra –si no tiene como propósito la defraudación del patrimonio del Estado o la burla del Fisco, ni tiene tal efecto, debe ser objeto de la pertinente persecución administrativa– severa –pero ajena a lo penal que está para lo más grave reservado.

La simulación de concepto en la factura –si carente de propósito o efecto de defraudación– tiene como sanción que lo simulado es nulo, tomando su lugar lo que se oculta.

La verdad formal en este caso es que se emitieron dos facturas con concepto simulado –desayunos y refacciones– jamás servidos –conceptos estos que ocultaban el verdadero, la venta de canastas navideñas, las que sí se entregaron.

La entrega de las canastas –verdad material– la verdad –y el pago de impuestos en las facturas simuladas (los mismos que se hubieran pagado por el concepto real) nos sitúan ante fragmentación de la venta pero no ante defraudación alguna, sea patrimonial o tributaria.

La entrega, la calidad y el valor de las canastas no es un tema sujeto a discusión por cuanto que el Pacto Colectivo de Condiciones de Trabajo de la institución involucrada –homologado en el 2014– hace referencia a las citadas canastas exigiéndose que estas, en el 2014, sean de la misma calidad que las entregadas en el 2013 –testimonio, pues, de su entrega y calidad, siendo así, además, que lo pagado en el 2014– esta vez sin fragmentar la compra y hecho el pertinente concurso –fue la misma cantidad, doscientos setenta mil quetzales por el mismo número de canastas.

La táctica de distraer a fiscales y jueces con hechos de escándalo –sabrosura mediática– es archiconocida: Encandilarlos con estos en tanto que lo grueso –lo penal – lo que de verdad constituye defraudación patrimonial y tributaria –sigue intocable.

La venta de doscientos setenta mil quetzales se fragmentó en tres para poder hacer compra directa de las canastas navideñas y no concurso y se pidieron las facturas con conceptos distintos ¡Vaya genialidad! para no hacer tan obvia la fragmentación que se hacía.

Por lo demás –de la fragmentación– son responsables tan solo los funcionarios y, a lo sumo, la proveedora –antes lo era– pero no quienes, sin beneficio alguno para sí, hicieron un favor que aunque se paguen los impuestos, lo que hicieron –no debe hacerse nunca, facturar por otro.

En medio de la historia y, al final de cuentas –en lo material– sin comerlas, ni beberlas, los dos jóvenes y quienes hicieron el favor.

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