Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Una grieta se abrió el 8/11

Ni EE. UU. ni el mundo serán el mismo.

 

— Edgar Gutiérrez
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Ni los EE. UU. ni el mundo estaban preparados para el ascenso de Donald Trump a la Casa Blanca. El presidente Obama ha pedido un compás de espera, y que se le juzgue al gobernante electo por sus ejecutorias al mando del Gobierno a partir del 20 de enero, pero los primeros anuncios sobre quiénes se harán cargo de áreas claves de la seguridad no desentonan de los postulados de Trump.

Hay quienes confían que, por pragmatismo, el borracho no se comportará igual cuando debe servir de cantinero, y que la institucionalidad y los vigorosos mecanismos republicanos de contrapeso sabrán poner los límites. Aunque quienes conocen la historia advierten que los demagogos y populistas, nunca dejan de serlo y que el poder los potencia.

En efecto, la personalidad de toda la vida, y la retórica de Trump han tenido impactos enteramente fuera de control. Es como si el agua caliente a 90 grados centígrados comenzó a hervir automáticamente, sin necesidad de fuego extra. Solo en Alabama la semana pasada se registraron 701 ataques racistas. Por más esfuerzos y ejercicios que hacen los maestros, las escuelas se convirtieron en el centro crítico de las ofensas contra niñez afroamericana, latina y musulmana. Los niños solo replican lo que oyen en sus casas.

Ya no hay pena de ser racistas, xenófobos, misóginos, ni siquiera admitir que se burla al fisco o llevar a cabo negocios fraudulentos, pues la máxima autoridad lo legitimó durante la campaña, y como respuesta obtuvo los votos necesarios y el premio de la Casa Blanca. Claro que detrás de los votos también hay una racionalidad económica y la necesidad de ganar seguridad y disminuir las amenazas de la inmigración, lo cual Trump supo interpretar perfectamente.

Como sea, los no Wasp (ni blancos, ni anglosajones ni protestantes) ahora salen menos a las calles y compran solo lo indispensable. Están ahorrando, pues no saben si en dos meses el clima social será tan tóxico e inseguro que deberán mudarse y rehacer su vida desde cero. Los países de la alianza Asia-Pacífico, ahora con China a la cabeza, reafirmaron este fin de semana en la cumbre en Perú sus postulados de libre comercio e incluso hablaron de aislar a los EEUU. Reconocieron que la mala distribución de la cadena de valor en la globalización deja muchos perdedores y crea malestar, por lo cual hay que revisar esos mecanismos.

Es ciertamente un momento crítico en el cual las elites podrían reflexionar sobre los límites y riesgos del sistema que montaron en los últimos 30 años para establecer nuevos equilibrios y repensar el crecimiento de sus mercados internos. Pero quién sabe si no, al contrario, se van a aferrar a sus privilegios y claudicarán ante la nueva imagen de poder que se yergue, que algunos reciben con satisfacción, aspirando a replicar, aunque a otros les parezca oprobiosa. Después del 8 de noviembre ni los EE. UU. ni el mundo serán el mismo.

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