Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La economía mundial sin rumbo claro

Tiempos de alta volatilidad y otros de estabilidad.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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La economía mundial funciona en ciclos económicos. Hay ciclos de expansión y otros de recesión. Hay épocas que se tiene certeza del futuro y épocas que generan mucha incertidumbre. Tiempos de alta volatilidad y otros de estabilidad. Nos encontramos en una etapa de signos contradictorios y riesgos potenciales. Por una parte, la Bolsa de Valores en Estados Unidos se mantiene a niveles sin precedentes y, por otra, empieza a vislumbrase una potencial crisis financiera en Europa.

Los principales organismos financieros internacionales han anticipado un crecimiento menor al proyectado a inicios del año. La economía de Japón crece muy lentamente a pesar de inmensos estímulos monetarios que no pueden sostenerse indefinidamente. En Europa, los bancos pasan por tiempos difíciles y su valoración accionaria se ha caído significativamente. La interrogante es cómo reaccionará ante la coyuntura el banco central europeo y si cambiará su política de no apoyo a la banca privada. En Estados Unidos los indicadores muestran mejores señales, tendientes a un ciclo positivo pero sin alcanzar los crecimientos pasados, según explica Paulo de León, uno de los principales expertos económicos del país.

Desde la crisis de finales de la década pasada, la economía se recuperó, pero nunca regresó el sentimiento de prosperidad o de confianza a grandes sectores de la población del mundo desarrollado. Existe en sectores una actitud menos positiva a la globalización, pensando que es posible retroceder, sin entender que ante el desarrollo tecnológico el mundo seguirá, cada vez, más interconectado. La inflación se encuentra a niveles muy bajos, a pesar de los estímulos monetarios, porque el consumo y la deuda de las personas se comporta en forma prudente. Se estima que las tasas de interés podrían empezar a regresar a niveles más normales, pero esto significaría nuevas presiones de déficit fiscal para estos paises. En fin, un entorno positivo, de bajo crecimiento, pero sin garantías de sostenibilidad.

Esto significa para la región, en palabras de Paulo de León, que se puede mantener el crecimiento económico, en rangos entre tres y cuatro por ciento anual, para Guatemala y Honduras, si no se cometen errores de gestión y si evita la parálisis de la inversión pública.

El panorama es más complicado para Costa Rica y El Salvador por sus niveles de déficit fiscal y su endeudamiento relativo. Ellos podrían enfrentar problemas. Panamá y República Dominicana tienen un panorama más alentador, con posibilidades de crecimiento por encima del cuatro por ciento anual. Uno de los motores que podría acelerar la evolución económica sería una fuerte inversión en infraestructura, en nuestros países. Una infraestructura que todos necesitan y que puede financiarse a largo plazo. Lo fundamental es hacerlo con trasparencia, con alta calidad en las obras y sin los consabidos sobreprecios observados en el pasado reciente. Esto haría avanzar en forma dinámica a nuestra región, a pesar que la economía mundial marche sin rumbo claro.

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