Jueves 22 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Migrantes pobres: mal necesario del norte rico

Un destino dubitable.

— Helmer Velásquez
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No hago eco acá del histerismo que está generando el archimillonario presidente electo de los Estados Unidos de América, con su estridente discurso antiinmigrante; por cierto –celebrado– por el Ku Klux Klan y algunos retrógrados diputados chapines a quienes el color de la piel del Embajador de EE. UU. en Guatemala, les causa prurito y lo creen motivo suficiente para pedir que se le ordene callar o salir del país. Yo me refiero acá a la condición en que viven desde siempre, los migrantes pobres en el norte del continente. De la indefectible vulnerabilidad de los derechos humanos de aquellos que forzados se entregan a la pesadilla del sueño Guatemalteco/Americano: desterrados y “recibidos” en precarias condiciones sociales. Arrimados, en casa ajena. Martirio tras martirio.

Es decir, que para los guatemaltecos, trabajando bajo las leyes de Sam, sus condiciones nunca han sido óptimas. Hablo de aquellos que salieron de los campos guatemaltecos, perseguidos por la milicia o el hambre y que de pobres en Guatemala pasaron a ser pobres en EE. UU. La diferencia está en que allá tienen acceso a “comida rápida” y a diversión de centro comercial, no difiere mucho su condición social, de lo que pasan por acá: trabajo, trabajo y más trabajo, allá con acceso a tele, tacos mexicanos, y una que otra cerveza. Compran en locales de ropa barata y pueden tener equipo de sonido con volumen estridente. La calidad de vida, no mejora en mucho. Tienen el chance de alejarse de la miseria –económica- pero no se aproximan a condiciones de vida digna, por lo menos en la primera y segunda generación. Muchos son un manojo de nervios, ya por las presiones del empleo, o, pensando que la migra les cae de un rato a otro y deban volver a dejar hijos abandonados a merced de peligrosos “distractores” juveniles. La tortura –de solo pensarlo- es enorme. Así que si bien, buscar mejores condiciones para los migrantes en USA, es un deber del Estado nacional, poco será lo que se pueda lograr, en cuanto a vida, digna me refiero. La verdadera tarea y el verdadero mandato esta acá.

Lograr la Guatemala, próspera, esa en la que vive el Alcalde de la ciudad, en su barrio, campo de golf incluido. Implica abandonar este sistema económico basado en monocultivos de exportación. Democratizar tierra y trabajo y emprender el largo camino de la educación. Requiere padres con empleo, campesinos con tierra, comercio y plena participación política. Pueblos indígenas con derechos plenos.

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