Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

En EE. UU., las frustraciones prevalecieron

Es necesario ser proactivos ante estos acontecimientos.

 

— Richard Aitkenhead Castillo

En Estados Unidos las frustraciones del norteamericano rural, de ingresos medios bajos, con poca calificación profesional y  que no fija su mirada en el mundo, ha hecho escuchar su voz, y con fuerza. El Sr. Trump ha sido electo Presidente, sin siquiera ganar una de las ciudades importantes del país. Un año donde queda evidente el malestar de amplios sectores de la población, con relación al presente. En España les ha costado meses integrar un nuevo gobierno, en Gran Bretaña, ganó la apuesta contra la comunidad europea. Los votantes no están claros de lo que quieren en su futuro pero identifican que les molesta del presente. Es claro el desprestigio de la clase política.

Regresando a Estados Unidos. Las elecciones han demostrado que es un país profundamente dividido. No solamente en temas político–partidarios, sino en las definiciones básicas de las características de su sociedad. La mayoría de los Estados que reciben más gasto público que lo que pagan por sus impuestos, están a favor de nuevos recortes impositivos pero desean más subsidios. Los que pagan más de lo que reciben, las ciudades, están dispuestas a que sus ricos paguen más, aún cuando ellos reciben menos. Una segunda diferencia es su visión del mundo. Las ciudades tienen una visión muy influida por la globalización y por la creación de riqueza vía la innovación tecnológica. Los habitantes rurales, que dieron el triunfo a Trump, tienen una visión hacia dentro, en contra de la globalización y del libre comercio. La tercera diferencia, y quizás la más importante, es su actitud ante la diversidad. El grupo rural es tradicional, poco tolerante, contrario a la migración, reacio a la política exterior, y tiende a ver el mundo bajo las reglas del ayer. En las ciudades se tiene una visión completamente diferente. Una visión de un mundo global, interconectado en lo laboral, comercial y financiero, con acuerdos políticos que son fundamentales y con una gran tolerancia a la diversidad.

La realidad, como siempre, no es blanca o negra. Son tonalidades de grises. Lo preocupante es la distancia creciente entre las propuestas de los unos y los otros. Una distancia que está creciendo. De la misma forma que crece el envejecimiento poblacional. Un factor que inició antes en Japón y Europa, que en EE. UU. se mitiga, en parte, con la migración pero que está cambiando. En 1950, había 16 personas trabajando por cada persona retirada. Hoy, la relación es de cerca de tres a uno, y sigue bajando. Será por esto que ahora sus ciudadanos viajan con la mirada en el retrovisor.

Los resultados tienen peligro potencial para Centro América. Las cosas pueden ponerse tensas para nuestros conciudadanos, en especial para quienes todavía no tienen en regla su situación migratoria. Es necesario ser proactivos ante estos acontecimientos. En lo interno, fortalecer nuestras finanzas públicas y promover inversión en infraestructura. En lo externo, impulsar el diálogo que demuestre que todos perdemos con la postura antimigratoria y el freno al libre comercio.

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