Sábado 23 DE Marzo DE 2019
Opinión

¿Modelo cansado?

Populismos y tendencias fascistas.

— Anabella Giracca
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Arrullados por la seducción de las elecciones estadounidenses, y frente a los resultados de las elecciones en Nicaragua (sin mayor cobertura, por cierto), cabe hacer una profunda reflexión sobre el modelo democrático. Modelo que parece cansado, gastado. Sin duda que el mundo debe repensarse, rehacerse ante el cuestionamiento continuo de democracias incompletas.

Nicaragua presenta continuidad y no alternancia. Al parecer no hubo auténtica oposición, base fundamental de toda democracia, pero con indicadores más alentadores que los nuestros. Paradoja que hay que desenmarañar. ¿Deben de haber mejores indicadores avalando el autoritarismo? ¿Se puede sacrificar la libertad de información y de expresión a cambio de la seguridad? ¿Es que acaso son antagónicos? (¡No!).

En el cambio de la era global, lo importante es salvar los principios y valores democráticos (libertad, justicia, equidad, igualdad…) y readaptarlos a una nueva democracia participativa, progresista. Incluyente y respetuosa de la diversidad de los ciudadanos. Con seguridad
humana. Con igualdad. Que incluya la solidaridad.

¡Pero algo está fallando!

Es evidente que hoy la política se debate entre la tentación a tendencias populistas y tendencias fascistas.

Ante este agotamiento, estamos urgidos de una nueva cultura política. De reinventar la paz. Y acá de nuevo la misma cantaleta: eso no se puede lograr si no se invierte decididamente en educación. Educación cívica, educación humanista, analítica y crítica. Que permita revisar este modelo gastado.

Independientemente de quién haya ganado las elecciones del Norte (mientras escribo, los norteamericanos votan), es altamente preocupante, es más, da terror, saber que millones de millones de personas apoyan un discurso “aparentemente democrático” que incita al odio. Que despierta al dormitante monstruo del racismo directo. Que ahoga las bases y principios de la igualdad y del respeto humano. Angustiante que se reproduzca y se vea “normal” la burla hacia aquellos que han dado su vida por el supuesto “sueño americano”. Un candidato cuestionable que se aprovechó del estrado para evidenciar su odio a las mujeres, a los latinos, a los migrantes. Insisto, independientemente de los resultados electorales, ese discurso “trompiano” lastimó al mundo, laceró los principios democráticos y dejó una huella fatal que solo una educación más humana podrá borrar con el tiempo.

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