Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Bantrab, Peralta Azurdia y la actualidad

“En países en desarrollo predomina una estructura piramidal en las empresas, controlada por grupos reducidísimos, que focalizan más en el control de las decisiones que por expandir la inversión en capital”. (Gobernabilidad Corporativa, Atrincheramiento Económico y Crecimiento Económico, Randall Morck, Daniel Wolfenzon y Bernard Yeung, NBER).

— Edgar Balsells
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En innumerables artículos desde que empecé a escribir en el querido diario La Hora, he venido comentando sobre los laberintos del mundo financiero, y es que como bien lo dice el gran filósofo alemán Georg Simmel en su monumental “Filosofía del Dinero”, esta mercancía ficticia es la que promueve el tránsito al estatus, y por supuesto al poder.

La detención de los jefes de orquesta del Banco de los Trabajadores, nada más y nada menos que el Presidente del grupo, Sergio Hernández, y el Presidente del banco Miguel Arita, y los motivos del Ministerio Público, son tan solo la punta del iceberg del cúmulo de operaciones dudosas, en las que sobresalen los intentos por tener el control de un banco cuya ley orgánica manda que se camine en base a una propiedad amplia entre miles de trabajadores.

Al igual que con lo que sucede con el mundillo del Fútbol federado, todos sabemos ciertas intimidades de los entuertos, aun cuando es evidente que no manejamos datos puntuales, sencillamente porque la intimidad de las organizaciones por estos lares se oculta bajo cortinas de siete velos, gracias también a la sigilosa presencia de los organismos de control, léase las auditorías internas y externas, la Contraloría de Cuentas y la Superintendencia de Bancos: simplemente no son órganos preventivos y las razones de ello no se pueden exponer en una sola columna de opinión.

A mi juicio, el banco en cuestión representa un estudio de caso para los abogados, los políticos y todos aquellos interesados en los asuntos del interés público, y especialmente los asuntos de la denominada Economía Laboral, que busca el bienestar de la clase trabajadora del país.

Resulta difícil, a la luz de los acontecimientos actuales, y del pensamiento que hoy domina en el ambiente de las decisiones económicas, el pensar que fue precisamente una Constitución de claro corte militar y represivo, la de 1965, la que iluminó una institución tan noble como el Banco de los Trabajadores. Ello debiera motivar a los historiadores a estudiar el ambiente desarrollista de la época, que nos convirtió también en líderes de la integración centroamericana.

Hoy el Ministerio de Economía, y sus centros afines de pensamiento lloriquean que hasta Honduras y Nicaragua nos han alcanzado y nos llevan ciertas ventajas. Ayer, las élites estaban muy claras que éramos los líderes y por eso, a pesar de su represión política, comenzaron a crear instituciones de avanzada, y haciendo un paralelismo con el fútbol, también recordemos que la Sele campeonizó en el Norceca de Tegucigalpa en 1967.

¿Qué ha pasado desde entonces?: la democracia abrió el paso a un montón de lidercillos que pululan en todos los ambientes y que han manipulado el voto y se han atrincherado, contando con las palancas de los tres organismos del Estado. Ese fenómeno se observa por todas partes, y en el sector que compete a los asuntos de la moneda y las finanzas, los temas de la conducta de los oferentes y la estructura de los mercados no son prioridad.

El banco debió sufrir diversos cambios legales y reglamentarios desde los tiempos de Peralta, pero el efecto del “atrincheramiento”, tan estudiado por los anglosajones ha ganado la partida: si no encontramos los acertijos, si no actuamos de antemano, si todo lo vamos a judicializar, seguiremos en el despeñadero.

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