Jueves 21 DE Febrero DE 2019
Opinión

Los grandes engaños

Con padres sin idea de la responsabilidad en el incumplimiento del compromiso, que adquieren al tener hijos.

— Jaime Arimany
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Normalmente nuestra mente nos inclina a creer que vendrá algo mejor, algo que de jóvenes pensábamos era de lo normal, pero, al pasar los años, nos vamos dando cuenta que suceden acontecimientos impensables en nuestros tiempos mozos; si vemos los acontecimientos electorales del Gigante del Norte, país que hemos admirado en el pasado por su poder y lucha contra los extremistas, su desarrollo y el bienestar de la gran mayoría de sus ciudadanos, acrecentado su poder al final de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en líderes de la libertad y adquiriendo respeto entre todas las naciones; surgiendo con grandes cambios sociales, estableciendo mejoras en el trato y relaciones entre las personas de diferentes razas, sucesos que hicieron pensar en su momento, especialmente en el año 1963, que habría grandes avances en la mejoría de vida de todos sus habitantes, especialmente de aquellos que habían sido marginados de alguna manera en el pasado.

Ello motivó a que muchas personas, especialmente los líderes de trabajadores chapines, adquirieran confianza en las palabras de las organizaciones extranjeras de trabajadores y bajo el agua de empresarios y gobiernos, que se dicen preocupados por el bienestar de los pueblos con bajo nivel de desarrollo, es decir sin industria pesada, con una agricultura atrasada más de cien años, con personas sin educación e inclusive con altos porcentajes de analfabetismo.

Se agrava la situación, al realizar un análisis en el campo de la educación, encontramos que la mayoría de personas no llega a cubrir hasta el sexto grado de primaria, situación peor en los estudios básicos y de segunda enseñanza y agravado con una preparación anquilosada en la mayoría de las universidades, que continúan enseñando lo mismo y de la misma manera que enseñaron hace más de cincuenta años.

La educación, especialmente en el campo económico, es impartida con una enseñanza que propugna sistemas que han fracasado en países poderosos y ricos, como en los países socialistas e increíblemente, en una gran cantidad de naciones que han tratado de aplicar el sistema de la libertad, pero sin haber tomado en cuenta, que tenían un bajísimo porcentaje de personas preparadas para la creación de riqueza, con poblaciones que se duplican en menos de veinticinco años y que, por lo tanto, con padres sin idea de la responsabilidad en el incumplimiento del compromiso, que adquieren al tener hijos; destacan: tener vivienda adecuada, alimentación suficiente, garantía de cuidado de salud, vestuario, calzado y de una educación que los prepare para que obtener con el producto de su trabajo, ingresos suficientes para cubrir sus necesidades y las de su futura familia.

Nuestros trabajadores líderes, cegados por beneficios salariales que no podrían tener todos, porque si así fuera, habría una devaluación de la moneda, sienten una satisfacción propia, fríamente y malvadamente calculada por los extranjeros, ya que la riqueza no se crea con aumentos salariales, incrementos sin méritos, ya que ni siquiera hay esfuerzos en su preparación personal o en su productividad, es decir, con una remuneración del trabajo a través de un pago salarial sin corresponder al valor del producto o el de la parte del mismo generada por él.

Observemos y escuchemos cómo piensan los países que nos asesoran, a través de un político que no esconde sus intenciones, Donald Trump, quien dice: “queremos que las industrias regresen a nuestro país”.

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