Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Debate sobre la legalización del Cannabis

¿Sirve para algo la prohibición? ¿Justifica el costo sobre el sector justicia?

— Carol Zardetto
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Para muchas personas el mundo ideal estaría definido por personas sin ninguna predisposición a consumir drogas. Gente sana, según ellos. Y sin embargo, la realidad no coincide con esta fabricación ideal. La utilización de drogas ha sido la norma en la historia de la humanidad y civilizaciones enteras han girado en torno al empleo de plantas que permiten acceso a estados de consciencia alterados. Esa es la realidad.

Las normas jurídicas no sirven para prohibir conductas cuyo peso cultural excede el peso de aceptación de la norma. En otras palabras, las normas son efectivas cuando la gente reconoce su validez y les sirven. El peso de la cultura (con todo y los valores que genera) es mayor que el peso de la prohibición.

El alcohol y el cigarrillo, por ejemplo, son drogas pues provocan estados alterados de consciencia. Son dañinos para la salud. De hecho, pueden provocar la muerte. Si hablamos de adicciones, el síndrome de abstinencia del alcohol es uno de los más peligrosos. Sin embargo, el alcohol y el cigarrillo son aceptables para la ley. Si fueran ilegales sería prácticamente imposible imponer la prohibición. El uso se convertiría en clandestino. Su comercialización sería un jugoso negocio de contrabando, libre de impuestos, protegido por la corrupción y la mafia. Y al afirmar esto, no especulo. Es historia.

Entonces, no es cierto que la prohibición sobre el cannabis se justifique por ser un tema de salud pública. A los legisladores no les interesa la salud pública. Les interesa el control social y los factores económicos alrededor de la producción. Pero, ¿puede seguirse sosteniendo la prohibición? ¿Ha servido para algo?

La respuesta la dan los hechos: los países han llegado a la conclusión de que han perdido la guerra contra las drogas. No obstante la enorme cantidad de recursos empleados, los consumidores siguen obteniendo droga y la siguen consumiendo.

Así las cosas, no parece tener objeto imponer una prohibición que es solo apariencia. El peso de sostener esta apariencia es digno de consideración. El delito de posesión para el consumo, por ejemplo, ha resultado en un peso gigantesco para el sistema. Aparte del gasto de llevar a juicio a todos los sindicados por este “delito”, también ha ocasionado una enorme corrupción y de abuso de autoridad.

Por estas razones, al revisar la prohibición alrededor del consumo de cannabis, no deben privar razones equivocadas: la ley no puede imponer un prejuicio moral, no puede imponer el control social de la vida privada, no puede evitar el deseo. Si de proteger la salud se trata, mejor harían los legisladores con examinar industrias como la alimenticia o la farmacéutica, que nos dañan a todos impunemente.

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