Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La conducta intachable

La moral del mundo experimentó un derrumbe de valores en los que se incluye la falta de transparencia, en donde se vieron involucrados los más destacados personajes e instituciones internacionales.

— JORGE H. LÓPEZ
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Todavía falta mucho por ver. Esto es apenas dolores de parto, dice la Biblia al referirse a los últimos tiempos. Y es que la moral del mundo experimentó un derrumbe de valores en los que se incluye la falta de transparencia, en donde se vieron involucrados los más destacados personajes e instituciones internacionales que en su momento se caracterizaron. Y como si fuera poco, lo que para muchos era un modelo en los procesos de elección, ahora se ven salpicados por la difamación, la denuncia, el insulto y la degradación, en los Estados Unidos.

El sabio Salomón dice que “quien se conduce con integridad, anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto”. Guatemala sigue viviendo todo ese proceso y se siguen descubriendo hechos que, en el pasado pudieron ocurrir, pero ahora llegó al nivel de escándalo y de ambición desmedida. El Congreso de la República en un momento de la vida política del país fue sujeto de una depuración, pero la conducta errática se sigue manifestando, porque la vanidad, la prepotencia y el incumplimiento de las responsabilidades es un estigma que le persigue. Razón tiene Vargas Llosa de decir que “la política es una forma de la maldad. El mayor error que he cometido en mi vida”.

¿Qué se ganó con aquella depuración? En su momento una renovación, pero no fue sustentable como consecuencia de los procesos de elección para integrar el Congreso, la falta de sabiduría para escoger a los candidatos, finalmente llegamos a los escándalos y a las tachas que se dan y que han provocado el intento de eliminar el antejuicio, derecho del que gozan los parlamentarios y otros funcionarios. La vida de la nación sería diferente si hubiera ánimo de obrar por el bien mismo, se inculcaran valores como la rectitud, el deseo mismo de hacer el bien hacia la comunidad.

Sin embargo es utópico pensar en que haya probidad en el ánimo de muchos políticos, ya no digamos en su actitud y en su mente, y no es desánimo porque lo estamos viendo. Pero tenemos una esperanza que viene de lo Alto que nos dice que “es segura y firme ancla del alma”, pero la determinación está en nosotros de poder cambiar a la clase política y sus deseos vanidosos y prepotentes con una generación que surja desde lo interno del corazón de cada ciudadano, de cada familia, de cada hogar y los diferentes sectores de la ciudadanía. No es con planes sediciosos sino con la revolución individual, personal. Empezar con el cambio personal, de la familia y de los hijos, cultivarles una mente positiva basada sólidamente en una fe que exhorta al cumplimiento de los mandamientos de no mentir, no matar, no robar, amar al prójimo como a nosotros mismos.

No arrastremos al país con nuestra negligencia, construyamos una nación con propósitos, con visión al futuro, bajo el mandato de las leyes, normas y principios, terrenales y espirituales. No hay que maquillar nuestro presente, soñemos en grande, tengamos grandes sueños, pero también tengamos voluntad, determinación de cambiar la nación más pequeña que tenemos: la familia. Los hechos hablarán históricamente de nosotros mismos.

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