Martes 17 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Derecho de libre circulación

Quien no llora, no mama.

Fecha de publicación: 03-11-16
Por: Méndez Vides

Los bloqueos nacionales emprendidos supuestamente por choferes del transporte pesado, utilizando como excusa las nuevas disposiciones de tránsito capitalinas, evidencian un sentido oculto que va mucho más allá de lo que pareciera ser.

Los empresarios saben acomodarse a las restricciones, porque aunque no les guste se adaptan o pierden, una hora más o menos de espera no es un problema tan grande ni tan caro como sí lo es el efecto de todo paro. Los productores de alimentos perecederos están siendo dañados seriamente, tanto en lo económico como en lo competitivo, porque al no cumplir sus entregas favorecen a otros países que solo están esperando el banderazo para sustituirlos en el negocio. Si se pierde la confianza, la fortuna se extingue.

Sucede como en la agricultura, si sembrar tomate es buena idea hay muchos haciéndolo, pero si de repente ya no funciona y surge otro producto más atractivo, todos se mueven. Pero en Guatemala quiere crearse la costumbre de manifestar hasta para exigir el derecho de seguir sembrando tomates, queriendo obligar a los consumidores a comerlos. La vida real no es así. Aunque ya es clásico el cuento del transeúnte que le ofrece comprar todo el canasto a una señora que vende empanadas, y ella no acepta porque se quedaría sin mercadería para vender.

La acción de los camioneros impidiendo a sus colegas salir a trabajar bajo amenaza de muerte, no habla de derechos del trabajador, sino de una intención delincuencial. Alguien financia y provoca el terror, con algún objetivo oscuro. Es lógico entender que se pretende desestabilizar más a un gobierno débil, quizá para desviar la atención o esconder persecuciones inminentes, o porque se está buscando establecer cuotas de poder o hacer un pulso con el Estado. Todo mientras el Ministerio Público vive una pesadilla porque si hacen públicas sus intenciones se les escapan los corruptos, y si llegan de improviso, actuando según reglas confidenciales extremas, se termina dando palos de ciego y azuzando a personas como el exministro Pavel Centeno que se defendió como el Quijote de un monstruo que no era sino un molino de viento. Los descuidos lamentables parecen el resultado lógico de actuar en secreto, en un país donde todo plan se filtra muy pronto.

Una cosa es evidente, el Gobierno debe impedir que se repitan los bloqueos de cualquier tipo. Las manifestaciones son un derecho que hay que garantizar, pero no se debe permitir por ningún motivo que se nos impida a los demás ciudadanos el libre tránsito por nuestra tierra, porque tal cosa sí afecta el derecho de la mayoría. La autoridad debe impedir el delito, o tendremos una patria chillona, porque aquí “quien no llora, no mama”.