Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El ciudadano rabioso y nuestra clase política distrital

“Hay que celebrar que haya no solo ciudadanos rabiosos negativos, sino también positivos”. (Mario Vargas Llosa, El ciudadano rabioso, elPeriódico).

 

— Edgar Balsells
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Me encantan las novelas de Vargas Llosa, pero rechazo su infantilismo al analizar los problemas sociales, y ello me motiva a darle vuelta a su interesante ejercicio periodístico publicado el pasado domingo en elPeriódico bajo el título: El ciudadano rabioso.

El peruano hace su propia reflexión sobre un artículo publicado en el New York Times por Joachin Bittner, quien también hace una interpretación, “a la Trump”, del término acuñado por un alemán de apellido Kurbjuweit.

Vargas Llosa apela a erradicar la rabia, porque esta puede hacer que el remedio sea peor que la enfermedad, e invita a que la vida de las naciones transite por la racionalidad, la búsqueda de consensos y la paz. Muy bien don Mario, pero los caminos y los “cómo hacerlo”, aún no están muy claros.

Pareciera ser que ese tipo de consejeros se necesitan en las grandes esferas del Ejecutivo y el Legislativo, y un ejemplo de ello es el nuevo asedio de la clase política superviviente hacinada en las gobernaciones, las diputaciones distritales y las alcaldías. Los sacamos con el voto del Ejecutivo, aún cuando se arremolinan allí y lo tienen secuestrado, pero dominan ampliamente en los demás ambientes.

Y bajo la óptica contrainsurgente de “quitarle el agua al pez”, debemos alejarlos del pisto, que les da oxígeno y los reproduce: como Tarzán se están tratando de colgar de una liana para pasar a otra buscando el próximo refuego electoral, impecables y vestiditos de Primera Comunión.

Primero, comenzaron con una encerrona al Presidente y le sugirieron abogar por un 20 por ciento de aporte constitucional a las municipalidades. Cuando vieron que eso era un sueño ahora le piden que el famoso IVA-Paz, se les destine completito a su pésimo sistema de proyectos públicos. Ni lerdos ni perezosos, se quieren aprovechar de lo que antes iba al extinto Fonapaz.

Pero como son tan ineficientes, y se les cancelaron sus ONG que usaban de vehículo financiero e institucional, ahora maquinan con sus propias firmas constructoras chuecas, pidiéndole a don Jimmy que emita un acuerdo para que las millonarias cantidades que no ejecutan no se vayan al fondo común.

Se imaginan ustedes las millonarias cantidades que estarán atesoradas, esperando que esos chuecos proyectos lleguen a la vida activa, teniendo en cuenta que hasta estos momentos hay casi dos mil de ellos en diferentes situaciones de acabado, e incluso sin un apropiado estudio de factibilidad.

Nos han baboseado con eso de que la democracia viene desde la base, y es que la clase política tradicional se reproduce así: primero se enriquece el cacique machista de los Cocodes, luego este pasa a dominar los consejos municipales y departamentales. Se puede graduar de alcalde, y luego su sueño es convertirse en diputado distrital. Muchos nombres de quienes hoy están en el Congreso y quieren perpetuarse empezaron de caciquillos, sin un len, ni tacuche, en sus consejos comunitarios, con ejemplares excepciones claro está, de verdaderos líderes que abogan por el desarrollo de su comunidad. Pero estos están fuera de las maquinarias del poder distrital.

Su vocero y líder máximo, Edwin Escobar, debiera estar abogando por el Distrito Metropolitano, por acutalizar los arbitrios, por el Código Tributario Municipal, por la emisión del reglamento de Impuesto Unico Sobre Inmuebles y por un verdadero Sistema Nacional de Inversión Pública.

Él muy bien sabe que por allí no está el respaldo, y más bien escoge la pedidera y el secuestro de las finanzas públicas, ignorando que aún existimos ciudadanos rabiosos.

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