Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Guatemala, la ONU y (de ambas) la CICIG (Segunda parte)

Entre los enemigos de la CICIG, además de los “cajoneros”, la CICIG misma y, sin caer en cuenta, incluso amigos.

— Acisclo Valladares Molina
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Ya mencionamos a todos aquellos que –necesariamente– son enemigos de la CICIG, temerosos de que este esfuerzo multilateral –sin parangón en el mundo– pudiera llegar a extenderse a sus dominios así como, obviamente, todos aquellos que ya hayan sentido su rigor. Existen, sin embargo, también otros que no deberían serlo, siendo uno de ellos, así terminaba el artículo anterior, la propia CICIG (débil es el corazón humano) sujeta al peligro de que, ensoberbecida, incursione en atribuciones que no le corresponden y, a tal extremo, que pueda dar la impresión equivocada de que se encontrara por encima de nuestras instituciones y de nuestras leyes ¡Peligrosa necedad!

Peligrosos, también, los protagonismos no justificados puesto que la financiación de la CICIG proviene de múltiples donantes los que cito –sin ser exhaustivo– en el estricto de su importancia dinerarias: Los Reinos de Suecia y de Holanda, la Unión Europea, el Reino de España, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América – esfuerzo multilateral – en consecuencia – cuya multilateralidad no debe nunca
desvirtuarse.

Es sumamente importante que la CICIG (Ministerio Público-CICIG) se atengan a sus funciones no solo porque sería ilegal sobrepasarlas sino porque su atención no debe distraerse de lo suyo, la acusación penal, ya que la acusación penal, sin resultados (la prisión preventiva no constituye resultado alguno) podría llegar a ser poco menos que frustrante. Todos los Estados sin excepción –algunos más, otros menos– tienen esqueletos en sus clósets y esa es la razón del pánico de que la experiencia guatemalteca (ONU-Guatemala) pudiera extenderse a sus dominios, temor injustificado puesto que solo su propia decisión –su decisión soberana– podría llevarles a tenerla, tal y como sucediera en nuestro caso. Además de nosotros (mérito que es de nuestras autoridades) –todas– incluso de aquellas que han sufrido su rigor ¿Llegará a atreverse otro Estado? Usemos la imaginación y pensemos, incluso, en los más poderosos, ¿Resistirían la CICIG? ¿Ninguna calavera en el clóset? ¿En sus decisiones? ¿En sus guerras? La multilateralidad del esfuerzo no debe desvirtuarse y debe comprender la Organización de las Naciones Unidas –la ONU – que los ataques que se producen en contra de Guatemala – poniendo injustificadamente en entredicho sus decisiones soberanas – es un ataque igual de frontal – aunque solapado – en contra suya y de todos aquellos Estados que lo acuerpan. El esfuerzo, ejemplar, podría ayudar a muchísimos otros pero solamente la decidida acción de las Naciones Unidas para que no se le descalifique y desvirtúe puede conseguirlo. No solo ser bueno, dice la sentencia popular, sino también aparentarlo, correspondiendo al esfuerzo multilateral llamarse al orden, dejado de lado cualquier protagonismo y, a la entidad surgida – la CICIG – atenerse al estricto cumplimiento de sus funciones de conformidad con las normas que la rigen. Con respecto al mejoramiento del sector justicia, pienso que se está tomando el rábano por las hojas y que si no se empieza por el principio – el restablecimiento del pueblo en el Congreso (Distritos electorales pequeños)sostenido el cordón umbilical entre electos y electores, no podrá lograrse, nunca el restablecimiento de los jueces. En temas constitucionales –nuestra intimidad misma– tomo la cita del expresidente Mujica de la República Oriental del Uruguay –es a nosotros a quienes nos corresponde resolverlos. Los distritos electorales pequeños constituyen, además, la única opción para que pueda darse una expresión política plena de la realidad indígena. ¿Se quiere la Guatemala de todos o seguir en lo mismo? Este tema –la participación política, la expresión política y su necesaria consecuencia, la justicia de todos, es un tema que trasciende ¡Cuidado! al esfuerzo convenido (CICIG) y que puede ¡Ah la soberbia y la clac mediática! llegar a desvirtuarse. 

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