Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El Salvador al borde del abismo

¿Cuáles son las causas principales de la crisis de la deuda en El Salvador?

— Juan José Micheo Fuentes
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En el mes de enero de 2015 escribí una columna sobre la problemática que estaba atravesando la economía salvadoreña y el desequilibrio de sus finanzas públicas. Recientemente el Presidente del hermano país lanzó una voz de alarma diciendo que las arcas del Estado prácticamente están vacías y que si el Congreso de la República no aprueba préstamos por el equivalente de US$1,100.0 millones habrá cesación de pagos el próximo mes. A continuación expongo algunos párrafos del artículo de marras:

“Desde el año 2012 las calificadoras de riesgo Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch Ratings han venido degradando la calificación crediticia de El Salvador por su alto endeudamiento y déficit fiscales que amenazan la estabilidad económica y financiera del país. La economía salvadoreña en el último quinquenio ha venido creciendo a un ritmo anual del 2 por ciento, si se introduce el factor demográfico su economía prácticamente está estancada. El déficit fiscal es relativamente alto situándose en el 4.0 por ciento del producto interno bruto (PIB). Con una carga tributaria del 15 por ciento del PIB y un endeudamiento total sobre la misma base que alcanza el 60 por ciento; naciones con calificaciones similares promedian un 35 por ciento en este rubro, lo cual refleja la magnitud del sobreendeudamiento.

Como referencia las cifras macroeconómicas de Guatemala presentan mejores fundamentos que la salvadoreña, con un crecimiento económico en 2014 del 4. 0 por ciento, mayor a la media latinoamericana; con un déficit fiscal del 2.5 por ciento del PIB, una carga tributaria de diez por ciento y una relación de la deuda pública sobre el PIB del 25 por ciento”.

Ahora el partido de gobierno salvadoreño de corte populista echa la culpa a la aplicación durante dos décadas de recetas neoliberales que han llevado al país al deterioro económico y social. Y, por su lado la oposición responde que los actuales gobernantes han sido dispendiosos en el gasto e incapaces de dirigir bien la economía. Pero lo cierto es que tanto gobiernos de derecha como de izquierda hipotecaron el futuro de la Nación.

Pero, ¿Cuáles son las causas principales de la crisis de la deuda en El Salvador? La primera causa, es un déficit fiscal estructural en un país con bajo crecimiento económico. Ese déficit se ha venido financiando en primera instancia con Letes –Letras de Tesorería con plazos hasta de un año– que son aprobados por el Congreso de la República por mayoría simple. La segunda, es la aprobación de presupuestos mentirosos que se presentan con ingresos sobreestimados y sin la totalidad de los gastos, como el pago de subsidios, pago de fondos de pensión y deuda, aparentando estar debidamente financiado. Y, la tercera causa es la polarización política, en un principio ni Arena –partido de derecha, actualmente de oposición–, ni el Gobierno del FMLN –partido de izquierda– querían negociar, y por lo tanto el Gobierno colocó todos los Letes que se demandaron hasta agotar el mercado. Hoy no hay más compradores de Letes y ya no hay con qué financiar el déficit, a no ser que logren emitir bonos o contratar préstamos a largo plazo y para eso se requiere de los votos del partido Arena. Ahora este último partido propone con acierto una Ley de Responsabilidad Fiscal, la realización de un ajuste fiscal de tres puntos sobre el PIB y concertar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Para Guatemala lo que pase en El Salvador es muy importante, es nada menos que nuestro segundo socio comercial, al que vendemos el diez por ciento del total de las exportaciones. Confiamos que las autoridades del hermano país sabrán encontrar en consenso soluciones viables y evalúen otras avenidas como el control de la corrupción y la erradicación del contrabando y la evasión fiscal. Ojalá esta crisis anunciada sirva de lección a los guatemaltecos, ahora que se discute el presupuesto del año entrante, para que tanto gobernantes y congresistas pongan las barbas en remojo, tal como reza el refrán.

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