Viernes 22 DE Marzo DE 2019
Opinión

Pérdida de momentum

Los votos en el Congreso siguen sujetos a negociaciones externas y directrices giradas desde fuera.

— Manfredo Marroquín
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Así como nadie imaginó que fuera posible el alzamiento ciudadano del año pasado y que este provocara la caída del gobierno patriota, ahora también es difícil y hasta incomprensible observar cómo un momento sociopolítico único e irrepetible para capitalizarlo en favor de cambios necesarios en nuestra sociedad, se va diluyendo hasta casi perderse y quedar en la insignificancia de un cambio de gobierno a otro.

Los movimientos recientes en la cúpula del Organismo Judicial y los que están por producirse en la junta directiva del Congreso, son una señal inequívoca de que la vieja política goza de excelente salud y sigue liderando la política institucional en los tres poderes del Estado. Para los defensores de la vieja agenda política, el movimiento de la plaza tan solo fue un accidente provocado por un germen maligno que se proponen extirpar, CICIG, y volver a las condiciones idílicas de impunidad e indiferencia ciudadana que los hicieron amos y señores de la toma de decisiones.

Y es que para la mayoría de operadores de la política criolla tradicional realmente muy pocas cosas han cambiado. Los votos en el Congreso siguen sujetos a negociaciones externas y directrices giradas desde fuera, los alcaldes continúan alimentando sus redes clientelares mediante proyectos cortoplacistas y de impacto inmediato electoral, y en las cortes los movimientos se dirigen a ubicar a los operadores más duros y de confianza de los arrinconados por procesos judiciales por actos de corrupción.

Se está afianzando un cerco pro statu quo que busca reconquistar posiciones de poder perdidas en algunos sectores estratégicos como seguridad, MP y SAT. No explicitan una agenda como tal, pero su estrategia consiste en ubicar operadores afines que puedan frenar y retardar los tibios intentos de reforma que se intentan y que siguen vigentes tan solo por la ofensiva que MP-CICIG mantienen al contar con suficiente parque para poner contra las cuerdas por la vía judicial, a muchas de las redes ilícitas que moldean el actual sistema político.

En realidad, si volteamos a ver detenidamente en cada poder del Estado y en los gobiernos municipales, son contados los casos donde aparecen personas que podrían considerarse aliadas de una agenda de reformas o cambios, siendo la gran mayoría funcionarios y representantes reciclados de periodos de gobiernos anteriores, que simplemente están pasando el temporal en espera de los viejos tiempos, como lo ilustra muy bien el caso del alcalde de Mixco, un nuevo personaje político rodeado de auténticas alhajas que brillaron en gobiernos pasados.

Incluso a nivel internacional, Guatemala logró revertir su tradicional imagen de país pobre y violento, gobernado por camarillas corruptas e impunes, llegándose a hablar de una primavera guatemalteca. Esa potencial percepción de cambio para la imagen país a nivel internacional también está cayendo en la indiferencia hasta encuadrarla en el caso de los países árabes que experimentaron una fugaz primavera para entrar en un largo invierno.

Vemos con realismo cómo dentro del actual sistema de partidos y estructura de gobierno, las opciones de reforma y cambio se van diluyendo en favor de un Estado patrimonialista concentrador de riqueza para unos pocos y distribuidor de pobreza para la gran mayoría. Al igual que sucedió en 2015, el único factor desequilibrante en favor de un proceso de cambio sostenido, solo puede ser una nueva ciudadanía que con su protesta y propuesta alimente la agenda de cambios que por falta de voluntad política de la clase política tradicional sigue sin concretarse.

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