Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Proteccionismo a la vista?

Debiéramos asumir un incremento de las deportaciones.

 

— MARIO FUENTES DESTARAC
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El proteccionismo es la política económica que dificulta la entrada en un país de productos extranjeros que hacen competencia con los nacionales. Los impuestos a la importación (aranceles) y las barreras invisibles (no arancelarias) son los mecanismos tradicionales para restringir y limitar el ingreso a un país de mercancías extranjeras.

La justificación de la adopción de una política proteccionista es que los consumidores, por razones de precio o de falta de productos extranjeros alternativos en el mercado doméstico, forzosamente adquieran los bienes producidos por empresas nacionales, lo que, en teoría, garantiza la supervivencia de las mismas, así como de los puestos de trabajo que ellas proveen.

Sin embargo, en el mundo globalizado actual ha perdido legitimidad y fuerza el “comprar nacional”, porque en muchos casos, aunque la propietaria de la marca sea una empresa nacional, el producto a la venta ha sido desarrollado y fabricado por trabajadores intelectuales y manuales de otros países.

Por otro lado, si bien las barreras arancelarias y no arancelarias pueden aliviar temporalmente a los productores nacionales y conservar empleos, inexorablemente provocan que en el mediano y largo plazo dichos productores se vuelvan menos competitivos en el mercado mundial, lo que reviste una grave amenaza para su permanencia.

No obstante, la desaceleración o la recesión conllevan, además de pérdida de puestos de trabajo, dificultades en la generación de empleo, por lo que, bajo estas condiciones económicas, es común que las organizaciones de trabajadores presionen a favor de la adopción de regímenes proteccionistas y, luego, por la restricción del libre comercio.

Actualmente, en los EE. UU. y Europa, dada la precaria situación del empleo en ciertos sectores económicos, se han venido fortaleciendo los movimientos nacionalistas y sindicalistas que propugnan por la restricción del libre comercio, bajo el supuesto de que este promueve el desarraigo de empresas, por razones de costos, y destruye fuentes de trabajo. Asimismo, se están endureciendo las actitudes en contra de las migraciones o del libre flujo de personas, porque presuntamente restan oportunidades de trabajo a los nacionales. El éxito del brexit en Gran Bretaña es un ejemplo elocuente de esta actitud contestataria.

Luego, los denostadores del libre comercio están presionando por la cancelación de los tratados de libre intercambio de mercancías, y han venido condicionando su apoyo político y electoral con miras a lograr este objetivo. En los EE. UU., tanto republicanos como demócratas han sido muy receptivos a estas demandas, extremo que se ha percibido con fuerza en la actual campaña electoral estadounidense. Por otro lado, en Europa, los partidos nacionalistas han venido ganando importantes posiciones político electorales.

Por consiguiente, no debería sorprendernos que en el próximo futuro se presione por la renegociación de los convenios de libre comercio, específicamente el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (conocido por sus siglas en inglés como NAFTA), el Tratado de Libre Comercio entre los EE. UU., Centroamérica y República Dominicana (conocido por sus siglas en inglés DR-CAFTA) y el Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea, extremo que, indudablemente, afectará la exportación de productos guatemaltecos.

Asimismo, debiéramos asumir, en el corto y mediano plazo, un incremento de las deportaciones masivas de connacionales indocumentados que viven en territorio estadounidense, así como que el Gobierno de los EE. UU. grave impositivamente las “remesas familiares” o las obstaculice.

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