Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Oliverio y los “millennials”

Mientras Oliverio era adicto a las luchas colectivas, los millennials son más adictos a las apps.

 

— Marcela Gereda
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Este 20 de octubre recordamos a Oliverio Castañeda, su lucha y su necesidad de transformar el mundo, conmemoramos a aquel dirigente estudiantil, presidente de la Asociación Estudiantil Universitaria (AEU), que fue expulsado salvajemente del tiempo, de sus posibilidades y del futuro que soñaba construir para sí mismo y para los otros.

Cuando mataron a Oliverio yo no había nacido, pero sé que eran años en los que por buscar y proclamar “justicia” te podían silenciar para siempre. Años sucios y jodidos en los que los chafas se encargaron de reprimir y eliminar a toda una generación de intelectuales.

A 38 años del cruel asesinato de Oliverio, pienso en lo diferente que es el mundo de hoy, de aquel por el que lucharon Oliverio junto con otros compañeros. Pienso también en cómo son los jóvenes de hoy. Millennial les dicen a la generación que vieron el cambio de milenio poco antes de llegar a los 20 años.

Si uno pone “millennial” en Wikipedia, aparecen las manifestaciones políticas estudiantiles de 2015 que supuestamente “derribaron a un presidente y a su vicepresidenta”.

En ello me pregunto si es aún posible que esa generación millennial que no puede concebir el mundo sin Internet y a quienes las corporaciones y publicidades se han encargado de inyectar una buena dosis de ansias de consumo e incapacidad de construir en común, trascendiendo egos, puedan retomar algunas de las luchas y reivindicaciones de aquello que hizo vivir y también morir a Oliverio y a tantos otros como él.

Según diversos estudios los millennials, hoy en Latinoamérica, son población mayoritaria. De acuerdo a una proyección de la consultora Deloitte, en 2025 representarán el 75 por ciento de la fuerza laboral del mundo. Y no solo eso: ¿adivinen qué? los jóvenes latinoamericanos somos quienes más tiempo dejamos frente a las pantallas de Internet: es ahí el punto fundamental de la “interacción social”.

Para los millenials el mundo parece ser el sitio para bajar apps, cazar pokemones, consumir sin piedad ni filtros, tomarse selfies en las manifestaciones sociales y sentirse “revolucionario” por supuestamente haber sacado a un ex presidente militar. Para Oliverio el mundo era la posibilidad de transformación para convertirlo en un lugar más amable y humano. ¿Podrán los chavos urbanos de hoy, que creen estar salvando al país, salir de sus egos inflados de “activistas políticos” y trascender las selfies para construir algo sólido en común con otros jóvenes del país de las áreas rurales y periféricas?

Oliverio entendió la solidaridad como la capacidad de sentir en la piel cualquier injusticia hacia los otros. Los millenials parecen gastar horas y energía en conseguir “likes” para sus redes sociales.

Oliverio entendió desde muy chavo que solo transformando el sistema de educación se podía transformar el país, entendió que para ello la educación tenía que estar al servicio del pueblo. La juventud no parece querer tomar consciencia de que detrás de las marcas que consumen hay una serie de prácticas que reproducen una economía monopolista.

Para Oliverio los derechos humanos no eran una utopía, sino una razón digna de vida, que era la misma prolongación de su cuerpo. Los millennials, como nativos digitales, con relaciones básicas cotidianas intermediadas por una pantalla, y para quienes la realidad y virtualidad son dos caras de la misma moneda, conciben su celular como una extensión de su cuerpo.

Mientras Oliverio era adicto a las luchas colectivas, los millennial son más adictos a las apps, su vida es móvil y su pantalla principal de entrada a la red es ya una pantalla móvil.

Enviciados con la navegación, los dispositivos múltiples y el multitasking, podríamos aprender a darle la vuelta al calcetín. Es decir, usar la tecnología al servicio de la transformación y organización social, para dejar de asistir enajenados y alienados a nuestra propia autodestrucción por la incapacidad de salir del “yo”.

¿Podremos convertirnos en un movimiento unido de aquello que forjó Oliverio: un colectivo activo, consecuente y comprometido?

Salir de nuestras identidades ficticias infladas por la publicidad y redes sociales y construir un “Nosotros” organizado para poder luchar contra los monopolios, el derecho al agua, la defensa del territorio, la educación para las mayorías y todo aquello por lo que luchó el dirigente estudiantil que vivió al servicio de los más necesitados, tendrían que ser elementos centrales de la nueva praxis política.

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