Miércoles 19 DE Junio DE 2019
Opinión

Un lector meticuloso

La región centroamericana ha sido en el pasado, es y será en el futuro un escenario más en el que se manifiestan los intereses estratégicos y geopolíticos de las grandes potencias.

Fecha de publicación: 21-10-16
Por: luis fernando andrade falla

El artículo Rusia: ¿Emerge un nuevo orden en Medio Oriente? publicado en este espacio el 7 de octubre pasado motivó un comentario muy preciso del lector que se identificó como Gonzalo de León, que me permito reproducir y al cual me referiré al final de esta columna, “Es muy interesante lo que afirma en el penúltimo párrafo de su artículo sobre que en Centroamérica podría darse un nuevo frente de confrontación. Reviste especial interés las recientes declaraciones de funcionarios del gobierno ruso, donde analizan la posibilidad de reabrir bases militares en Cuba. Agradecería mucho que nos compartiera su visión en un artículo posterior. Saludos”.

Efectivamente coincidió que el mismo día viernes 7 de octubre el viceministro de la Defensa de Rusia, Nikolai Pakov expresara ante la Duma Estatal (Cámara Baja del parlamento ruso) en el informe a los diputados del despliegue indefinido de las fuerzas rusas en Siria, que “Rusia está considerando reinstalar bases militares en Cuba y Vietnam…”, una noticia que no era una novedad. El ministro de la Defensa, Sergei Shoigu en febrero de 2014, ya había anticipado públicamente el interés de contar con acuerdos sobre uso de bases aéreas y puertos militares con Argelia, Chipre, Cuba, Nicaragua, Seichelles, Singapur, Venezuela y Vietnam. Rusia, un año y medio después de estas declaraciones, reacondiciona y hace uso, en un tiempo relativamente corto, de las bases aéreas y puertos (Latakia y Tartus) en Siria, sorprendiendo en su intervención militar por los altos niveles de planificación, de organización y de acciones militares conjuntas solo vistas anteriormente en operaciones de esta naturaleza dirigidas por los Estados Unidos.

El despliegue militar en Siria es solo uno de los escenarios de las crecientes tensiones militares que se están desarrollando en distintas regiones del mundo a través de la configuración de alianzas y/o de coaliciones de países según los intereses estratégicos y geopolíticos de las grandes potencias, dentro de los cuales las bases aéreas y los puertos en determinadas ubicaciones geográficas juegan un papel vital en la defensa y la seguridad de esos intereses.

La región centroamericana ha sido en el pasado, es y será en el futuro un escenario más en el que se manifiestan los intereses estratégicos y geopolíticos de las grandes potencias. En las circunstancias actuales, se perfilan y ya se expresan esas diferencias, que desafortunadamente son divisivas. Por un lado, se conforma por

El Salvador, Guatemala y Honduras el denominado triángulo norte de Centroamérica, que responde a una decisión estratégica de los Estados Unidos. Y por otro lado, Nicaragua ha apostado estratégicamente a la construcción del denominado Gran Canal Interoceánico, que responde al crecimiento del comercio y del transporte marítimo mundial en el que confluyen los intereses estratégicos particularmente de China y de Rusia.

Nicaragua, precisamente por tener ciertas condiciones para desarrollar un canal interoceánico, entre otras razones de carácter político ideológico, ha sufrido, a lo largo de su historia como ningún otro país de Centroamérica, intervenciones militares, ocupaciones por varios años y períodos de desestabilización abierta y encubierta como lo fue durante la Guerra Fría.

Y es por ello que en el contexto de las crecientes y serias tensiones militares globales el proyecto del Gran Canal Interoceánico por su magnitud y por su naturaleza requerirá, sí se lleva a cabo como está previsto, del apoyo de medidas de defensa y de seguridad apropiadas en la que serán necesarias bases y puertos como los de Latakia y Tartus en Siria ante eventuales situaciones de confrontación. Estos son solo algunos elementos de juicio al comentario de Gonzalo de León, un lector agudo y meticuloso.