Domingo 21 DE Abril DE 2019
Opinión

Tiempos de Revolución

Con Alfonso Bauer Paiz en la memoria.

— Helmer Velásquez

Los guatemaltecos, parecemos habernos quedado congelados, con los logros de la Revolución de Octubre. Nunca –se dice– hemos tenido mayores transformaciones en institucionalidad y política pública, como en aquellos días. En buena medida, eso, es verdad. Particularmente en lo referido a acciones de Estado. Como sociedad: deliberante y no obediente, hemos realizado muchas gestas, cito algunas: una revuelta armada –que se transformó en guerra prolongada– infinidad de huelgas, paros, tomas, marchas, tres Nobel y dos alternativos, fin de las dictaduras militares, tumbado y enjuiciado generales, Acuerdos de Paz, múltiples propuestas de reforma política y… nada cambia. Aún. En la línea opuesta –altamente negativa– hemos tenido un Estado represor y un estamento político corrupto y oportunista, servidor de intereses económicos conservadores.

No ha conseguido esta sociedad –luego de la ruptura del régimen revolucionario– estabilidad política. Nuestra historia está llena de sucesos que han conmovido la sociedad: en los sesenta el alzamiento del 13 de noviembre. La impresionante movilización popular de los setenta, fraude electoral incluido. El desangramiento intelectual, social y popular de los ochenta… las terribles masacres y los secuestros políticos; a contrapelo de un proceso de democratización, que nunca concluye. El Serranazo, la Firma de la Paz, venta depredadora de nuestros bienes públicos. Aceptación de la apertura comercial y adhesión al TLC propuesto por EE. UU. … así hasta llegar al increíble derrumbe de los Patriotas –General incluido. En la dimensión socioeconómica no existen avances notables. En el “combate” a la pobreza peor aún. No hemos hecho nada. Las elites no lo han permitido, necesitan del pobrerío. De esa cuenta, han procurado y logrado que se multipliquen. Todo lo contrario ha sucedido con los peces y los panes. La riqueza y los recursos naturales han continuado concentrados. Las mejores familias han globalizado sus capitales. No se reinvierte en la gente.

Este es un pueblo permanentemente movilizado ¿Alguien lo duda? Lo irónico es que pese a ello, continúa: prisionero, excluido, arrinconado, con hambre y pobre. Octubre es propicio para rememorar la gesta. Más importante aún, para consolidar conciencias. No perder el aire de la plaza y profundizar las reformas del Estado. La tarea más urgente –como pregonaba– el Maestro Alfonso Bauer Paiz. Seguirá siendo: organización social y popular amplia, democrática, unitaria y persistente. La agenda es concreta: nuevos instrumentos políticos. La Asamblea Social y Popular es un paso en aquella dirección. Sin embargo, hay que articular más, mucho más. Con un Gobierno poco robusto. Habrá que estar preparado para la plataforma de reemplazo. Toco madera.

Etiquetas: