Miércoles 13 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Emplazamiento a los asesinos de Arana

Se trata este de un emplazamiento que esclarece todo.

Fecha de publicación: 18-10-16
Por: Acisclo Valladares Molina

He sostenido y sostengo que jamás juez alguno dictó una orden de captura en contra de Francisco Javier Arana en tanto que sus asesinos (quienes planearon su asesinato y los esbirros que lo ejecutaron) así como quienes, tan asesinos como aquellos lo siguen hoy justificando, sostienen lo contrario –es decir– que sí existía esa orden de detención y que lo que se quería, era ejecutarla.

Pues bien, existe una forma muy sencilla de zanjar este asunto y definir si soy yo el que miente o si son sus asesinos.

El emplazamiento lo extiendo a toda persona que quiera responderlo y consiste en algo muy sencillo: que, si existe, nos presenten la orden de captura.

El emplazamiento no deja de ser un tanto ingrato ya que jamás existió orden de captura alguna y, en consecuencia, jamás podrían satisfacer los emplazados el emplazamiento que formulo.

La patraña de la supuesta orden de captura no surgió sino hasta después de haberlo asesinado y como una burda maniobra para “justificar” el crimen cometido.

Jamás volveré a referirme al tema si se me presenta la orden de captura pero, si no es así, habré de hacerlo a discreción –ya sin moros en la costa, destrozada cualquier credibilidad que hayan tenido– puesto que este asesinato, –el de Francisco Javier Arana– no solamente asesinó a un ser humano –irrepetible como todo ser humano– sino también, a la Revolución de Octubre.

Cabe otro emplazamiento para los mismos asesinos y para cualquiera que quiera responderlo y es que nos pongan a la vista el Decreto del Congreso de la República (de la Asamblea) por el cual se habría destituido a Francisco Javier Arana como Jefe de las Fuerzas Armadas, decreto tan inexistente como la orden de captura.

Que hayan sido particulares quienes fueron a ejecutar la inexistente orden de captura, incluidos el chofer de la esposa del expresidente Árbenz, varios encapuchados y dos militares sin autoridad alguna para hacerlo, uno de ellos, del Estado Mayor del citado expresidente, un diputado y, así, –como para taparle el ojo al macho– un Subdirector de Policía, amén varios más en la cuadrilla, constituye la mejor evidencia de que, en efecto, no había ninguna orden de captura que pretendiera ejecutarse.

¿En qué cabeza cabe que el Ministro de la Defensa Nacional se hubiera abstenido de informar al Presidente de la República, si hubiera existido, sobre la orden de captura? ¿En qué cabeza cabe que nada le hubiera dicho del decreto de destitución, si hubiera existido? ¿Por qué nada le dijo de aquel “inocente operativo” que desde el monte El Filón, se disponía controlar?

Mi tesis es que no se dijo nada al Presidente –tampoco se dijo a Paz Tejada– porque el plan era asesinarle y bien sabían sus asesinos que ni Arévalo ni Carlos Paz Tejada eran asesinos. (Distinta la guerra –Paz Tejada fue incluso un guerrero años después en la insurgencia– que los crímenes).

¿Qué pasó con el asesinato de Arana? Pues que la Revolución de Octubre –asesinada y secuestrados sus despojos– tomó caminos que le eran absolutamente ajenos y que a la Presidencia de la República, en 1950, no llegó Francisco Javier Arana, quien no hubiera permitido desviaciones, sino Jacobo Árbenz Guzmán, presa fácil de teorías marxistoides que nunca pudo comprender y, a la postre, por todos despreciado –ingratamente despreciado. 

¿Por qué importa tanto la muerte de Arana, más allá de lo que importa la de todo ser humano? Cada ser humano. Fin como es en sí mismo, irrepetible…

Porque con el asesinato de ese ser humano se asesinó –también– la Revolución de Octubre, asesinato que ha sido determinante de toda nuestra historia.

En aras de esta, aunque pudiera parecer que no venga al caso –simple llamamiento a su rigor– debo señalar que Francisco Javier Arana –el mártir– es un personaje distinto que Carlos Manuel Arana Osorio quien décadas después fuera Presidente de la República (1970-1974) militar libremente electo que meses antes de su elección fuera enviado no como se afirma falsamente ¿Cuál es la gana de mentir? como Agregado Militar de la Embajada de Guatemala en Nicaragua, sino como Embajador, cosa muy distinta (El Agregado Militar, posición castrense, es apolítica, obediente y no deliberante en tanto que la de Embajador, posición civil y política por excelencia, no está sujeta a estos rigores).

¿Qué no tiene importancia “el lapsus”? Sí lo tiene puesto que no existe justificación alguna para afirmar lo que no es cierto y
tergiversa los hechos. 

Sirva este artículo para reiterar mi devoción y respeto por la Revolución del 20 de Octubre de 1944 y sea este emplazamiento mi mejor homenaje a aquellos 147 días de gloria (20 de Octubre de 1944 – 15 de marzo de 1945) así como al desarrollo que tuvo –todo, entonces, parecía posible– hasta el 18 de julio de 1949 en que –con el asesinato de Francisco Javier Arana– fue también asesinada.

¡Qué viva, hoy y siempre, la Revolución del 20 de Octubre de 1944 y que sea para esta –la verdad– el mejor de los tributos!