Jueves 18 DE Abril DE 2019
Opinión

Los jóvenes y la marihuana

Con el enemigo en la camisa, actuando con tanta libertad, no existen planes educativos de prevención que podrían implementarse.

— Silvia Tejeda

Guatemala se inunda de marihuana. Se trata de un consumo imperceptible, si nadie desea informarse de ese tema. Es una adicción que está contaminando, fuertemente, a la juventud, a esos jóvenes –de uno y otro sexo– que antes, demagógicamente, se les identificaba como “El futuro del país”. Hoy, solamente son las víctimas más vulnerables en un medio social y educativo que los abandona a su suerte, y que no quiere saber nada acerca de cómo un joven, de la noche a la mañana, se vuelve marihuano. Se afirma que los padres se enteran, cuando los objetos de valor comienzan a desaparecer del hogar o cuando quienes disfrutan de una mesada piden más. Los maestros sí se enteran, pero callan.

Lo que ninguna autoridad se da por enterada es que, hasta en la más alejada y abandonada aldea de cualquier departamento, la marihuana se va distribuyendo y vendiendo con más libertad. Impresiona y da mucha tristeza, ver a los hijos de los campesinos que, con extremo sacrificio sostienen los estudios de uno o dos hijos, jóvenes incautos que, a los pocos meses, ya engrosan las filas de las huestes de marihuanos, presas muy apetecidas de los distribuidores locales, a quienes ni los maestros ni las autoridades educativas son capaces de denunciar. Les tienen un miedo cerval, porque están entre los mismos pobladores de los caseríos y aldeas, y actúan con toda libertad, porque ni los cuerpos policiacos, ni el Ministerio Público, cuentan con alguna denuncia. Y así, involuntariamente, “el sistema de incontrol” les sirve la mesa a los traficantes.

Nuestros jóvenes se están pudriendo en el consumo de drogas y estupefacientes. Esto fue lo que reveló la encuesta que los estudiantes de Ciencias de la Salud, de la Universidad Galileo sacaron en conclusión en una encuesta que hicieron en el 2014, entre 14 mil estudiantes de Nivel Medio en establecimientos públicos y privados. Su iniciación es, generalmente, entre los 11 y los 22 años. Pero ya se imagina, estimado lector, las cifras que revelarían si se hubiera efectuado en todos los centros del país. La juventud es el consumidor más codiciado de los distribuidores de la marihuana. Los jóvenes vendedores no paran de extender el número de sus clientes entre el alumnado de los establecimientos. Las presiones de los grupos de amigos adictos son irresistibles a gritarles un ¡No gracias! Saben que tarde o temprano estarán acompañándoles para fumarse unos cuantos pitos libremente en un restaurante o en una permisiva casa particular.

Haber dejado en el aire la propuesta de liberar el consumo de marihuana en el país, y al no ser enfático el Congreso de la República y ratificar que el consumo de marihuana “está prohibido en Guatemala” solamente creó un tremendo caos, confusión extensa que está sirviendo para que muchos vendedores y consumidores le den rienda suelta a su adicción y sigan ampliando el número de adictos, confiadamente.

Se sabe que instituciones internacionales ayudan a los gobiernos de turno, con muchos millones de dólares para combatir y prevenir el consumo de drogas dentro de la juventud. ¿Dónde funcionan estos programas, a nivel nacional? Sería un hallazgo conocerlo, o bien, que el Ministerio de Gobernación programara otro plan, para perseguir primero a los vendedores y distribuidores y después, ya el Gobierno nos puede hablar de implementar planes de prevención. Con el enemigo en la camisa, actuando con tanta libertad, no existen planes educativos de prevención que podrían implementarse. Los cuerpos policiacos departamentales y municipales pueden hacer mucho en el combate a las drogas, pero la realidad, es que existen muchos jefes, que prefieren no moverse.

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