Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Mal de ojo

Ciudadanía de baja intensidad.

 

— Anabella Giracca
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Hace algunas semanas, cuando la Ministra de Salud habló de la “ojeada” como parte de los males de la salud guatemalteca, las críticas no se hicieron esperar. Inaudito. Nuevamente salió a luz la poca capacidad que tenemos de interpretarnos como plurales. De entender que cada pueblo maneja sus propios códigos, jamás unos mejores que otros. Que hasta los colores pueden ser vistos de una manera distinta.

La necesidad de uniformar fue la base de un modelo patriarcal que aún rige este triste entorno social discriminatorio. Hemos sido educados para la homogeneidad cuando lo que tenemos es diversidad. Y aún no hemos comprendido que la diferencia no es amenaza sino motor. Que hágase lo que se haga, la diversidad no es negociable.

Tampoco hemos comprendido que la construcción de la patria se da con la construcción de ciudadanos conscientes de esa realidad plural que es nuestra. No hay para dónde. Y que si tenemos mejores ciudadanos nos ahorraremos dolor y sufrimiento. Bien sabido es en estos tiempos, que el reto del siglo XXI es educar poblaciones. Redefinir la tolerancia por medio de un generoso intercambio de formas de entendimiento.

Hablamos de esos ciudadanos francos, emancipados, abiertos a otros entendimientos, que jamás acepten políticas alineadas sino aquellas inclusivas en el contexto específico de cada pueblo. Todo para garantizar orden social y gobernabilidad. ¿No es eso lo que ansiamos?

¡Sí! Guatemala ansía políticas amables con estrategias de inclusión en transversal. Desde la infraestructura, el clima organizacional, la administración y la práctica. Pero el sistema de provisión pública de bienes y servicios hoy responde a la discriminación, y tiene efectos permanentes, de largo plazo. Requerimos de servicios públicos para la diversidad, pero buscando resultados homogéneos. Un sistema capaz de otorgar voz a distintos grupos de manera igual. Desarticular las bases socioculturales del racismo. Promover identidades libremente elegidas, abiertas, no confrontadas. Alentar la empatía.

Pues luego de leer los bajos comentarios dirigidos a la Ministra por atreverse a salir del mundo occidental, por cruzar esa línea hacia otros entendimientos desconocidos por el Estado, saltó a la vista que somos una ciudadanía de baja intensidad. Urgida de asumir una actitud de “concernimiento”. De encuentro con la alteridad (el “otro” distinto). De encuentro con una nueva ética: la fraternidad, la “socialidad”. De encuentro con la diferencia. O sea, hacer un viraje nostálgico hacia lo que podríamos ser.

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