Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Prejuicios, miedos y oposición

Es imperativo democratizar la justicia, lo cual pasa por la apuesta de su verdadera independencia.

 

— Renzo Lautaro Rosal
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Impulsar la reforma constitucional en materia de justicia, es la primera apuesta sustantiva que se deriva de la crisis político-institucional. Hace poco más de un año sería impensable la elaboración de una propuesta de esa naturaleza donde participaron una gran diversidad de sectores. Antes hubo varios intentos de reformas en el mismo tema, pero de menor alcance. Todas quedaron a medias. Allí radica un primer reto, lograr que la propuesta pase lo menos alterable posible en el Congreso. Por desconocimiento, miedos de moda, o simplemente por reticencia para no avanzar, la oposición se atrinchera esperando debilitar la propuesta por la vía de ataques, solapados o evidentes.

La propuesta llega al Legislativo en momentos de álgidas negociaciones teniendo como tapete el proyecto de presupuesto 2017 y la conformación de la Junta Directiva, solo para comenzar. En esa corriente, entra bajo condiciones positivas. Una ciudadanía deseosa y urgida de transformaciones de mayor densidad, una aplicación de justicia verdadera, fortalecer las garantías para que los implicados en los casos de corrupción y toda la gama de delitos paguen por los daños cometidos, un Congreso presionado para que se conduzca por las vertientes correctas.

Desde antes de la presentación oficial, pululan los cuestionadores. Desde los que creen que basta con reformas de leyes ordinarias, los puristas que no quieren reformas constitucionales de ningún tipo pasando por los que estiman que al abrir la puerta aparecerán los fantasmas interesados en que se abra el portón para incluir reformas incómodas, hasta los que consideran que la propuesta no tiene su bendición por lo que optan por utilizar el histórico veto.

Reformar la justicia, implica reducir y desaparecer el manejo acomodaticio de la relación entre poder y justicia. Es obvio que aparezcan las fuerzas de la resistencia, lo que no es válido es anteponer los prejuicios y manipulaciones para crear un ambiente antirreforma. Es hora que hablemos de lo que tradicionalmente ha sido reducido a propósito a tema de elites e iluminados.

Es imperativo democratizar la justicia, lo cual pasa por la apuesta de su verdadera independencia. Hoy sigue comprometida, solo observemos cómo una jueza ha sido juzgada pero se le condena con guante de seda. Modificar el antejuicio para evitar que sea blindaje de impunidad, despolitizar la elección del Fiscal General, modificar la integración de la Corte de Constitucionalidad, fortalecer la Carrera Judicial, crear el Consejo Nacional de Justicia, reordenar la integración de la Corte Suprema de Justicia. Además, las reformas incluyen la jurisdicción indígena que contrario al pensamiento colonialista aún presente, permitiría avanzar y no dividir. Al suprimir las cuestionables Comisiones de Postulación se deja atrás una historia de tráfico de influencias y otras aberraciones que ha sido la base para la designación de magistrados de salas y de la Corte Suprema; las consecuencias de esos desmanes las hemos visto pasar incesantemente.

Si estas son las vísperas, cómo será la fiesta al intensificarse la discusión, cuando la iniciativa sea sometida al Pleno y se prepare la consulta popular. ¿Aparecerán los mismos que frenaron la aprobación de la consulta en 1999?

renzolautaro.rosal@gmail.com

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