Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

Rusia: ¿Emerge un nuevo orden en Medio Oriente?

La diplomacia rusa ha sabido posicionarse y tiene la posibilidad de contribuir junto con otros actores a configurar un nuevo orden de equilibrios en Medio Oriente.

Fecha de publicación: 07-10-16
Por: luis fernando andrade falla

La diplomacia rusa del petróleo y del gas, que está desempeñando un rol articulador y conciliador de intereses regionales energéticos, respaldada por el involucramiento militar directo de poderosas y sofisticadas fuerzas rusas en la guerra civil de Siria a partir de septiembre del 2015, ha sorprendido por su sigilo y por su eficacia, más allá de los altos y bajos que se observan frente a una diplomacia estadounidense que va perdiendo progresivamente espacios en Medio Oriente.

 El presidente de Rusia, Vladímir Putin, cuyo liderazgo nacional se fortaleció por el mayoritario triunfo electoral parlamentario de su partido político, Rusia Unida, obtenido en septiembre pasado, se reunirá nuevamente con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan el lunes próximo en la ciudad histórica y estratégica de Estambul, en el marco del Congreso Mundial de Energía. Estas circunstancias eran inconcebibles que sucedieran hace casi un año, tras el derribo, sin provocación, de un avión de combate ruso por fuerzas de Turquía en el entorno de la frontera turco-siria.

 Turquía, ubicado al este de Europa y al occidente de Asia, un puente transcontinental con un pasado relacionado al Medio Oriente (Imperio Otomano), país miembro estratégico de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, brazo de defensa y de seguridad de EE. UU. y de Europa, ha girado nuevamente, en un momento crítico, hacia Rusia por razones de seguridad nacional (secuelas del intento de golpe de Estado, flujos de refugiados hacia Europa, lucha antiterrorista contra los kurdos dentro de Turquía, en Siria y en Irak) en detrimento de sus aliados de la OTAN cuyos intereses no se perciben en las circunstancias actuales compatibles con los de Turquía.

 Asimismo, la pragmática y paciente diplomacia rusa ha capitalizado el fracaso de la política energética promovida por Arabia Saudita, aliado estratégico de los EE. UU. en Medio Oriente, tendiendo puentes y propiciando diálogos entre Irán y Arabia Saudita. A pesar que estos dos países líderes dividen profundamente al mundo islámico por sus rivalidades sectario-religiosas, energéticas y de preeminencia geopolítica regional.

Y como factor coadyuvante a la diplomacia rusa es la iniciativa de ley del Congreso de los EE. UU., que anuló el veto presidencial, permitiendo que los sobrevivientes y los familiares de las víctimas del ataque terrorista del 11 de septiembre del 2001 (9/11) puedan demandar al Gobierno de Arabia Saudita por sus posibles vínculos con ese ataque. La sola posibilidad de una demanda ha erosionado seriamente la relación estable de EE. UU. con Arabia Saudita y con los otros países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico.

Ahora bien, Irán y Arabia Saudita, productores petroleros claves de las Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, acordaron hace una semana, lo que parecía inconcebible, establecer parámetros de producción petrolera que facilitaran el incremento inmediato de los precios del barril de petróleo. Esta articulación y conciliación de intereses podría fortalecer las vías de diálogo a favor de procesos de acercamiento y de entendimiento entre los diferentes actores del mundo islámico.

Por otro lado, hay preocupación que debido a la lucha contra el terrorismo y a las guerras que han derivado de ello en Medio Oriente se ha debilitado la cohesión de Europa, el sistema de Naciones Unidas y propiciado tensiones serias entre las grandes potencias, que de seguir así no hay que descartar que Centroamérica se convierta también en un nuevo escenario de confrontación similar a lo sucedido en Cuba en octubre de 1962.

Es por ello importante resaltar y demandar la urgencia de renovadas negociaciones diplomáticas entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Y en ello se reconoce que la diplomacia rusa ha sabido posicionarse y tiene la posibilidad de contribuir junto con otros actores a configurar un nuevo orden de equilibrios en Medio Oriente que favorezca la paz y la estabilidad mundial.