Domingo 17 DE Febrero DE 2019
Opinión

Colombia, armisticio

Un limbo y tres sillas de negociación.

 

— Edgar Gutiérrez
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En Colombia ganó el “no” y perdió el “sí”, pero el futuro inmediato no es la prolongación de la guerra sino el armisticio. Una paz prudentemente armada, mientras se deshace el nudo del referéndum. La distancia entre una y otra decisión de la ciudadanía el domingo pasado, fue muy estrecha. Suficiente para bajar del caballo al presidente Juan Manuel Santos y a la cúpula de las FARC, con su líder Rodrigo Londoño (Timochenko).

Los acuerdos de paz que ellos una semana antes firmaron en Cartagena de Indias, arropados por la gran mayoría de presidentes del hemisferio, y el resto de la comunidad internacional, han quedado en remojo. La ciudadanía los rechazó, siguiendo su norma interna. Las cuestiones ahora son, por un lado, cómo se interpreta el resultado, y, por otro, qué camino seguir, a falta de un plan “b”, pues el triunfo del “sí”, refrendado ampliamente por todas las empresas de encuestas, era un hecho para Santos, las FARC, la comunidad internacional y también Uribe. Triunfalistas o resignadamente, lo creían.

El “no” no expresa rechazo a la paz, sino a sus términos, que le daban ventajas a las FARC, que muchos colombianos (la mayoría activa, según se ve) consideraron exageradas o hasta una ofensa al modo de reconstituir el tejido político y social. Sin decirlo, las claves “impunidad” y “transparencia” estaban detrás de las marcas sobre las boletas. Son las mismas claves de las sociedades latinoamericanas, incluyendo Guatemala, de manera decidida a partir de 2015. De hecho, casi todas las sociedades van detrás de esos conceptos y por eso los regímenes –de izquierda, centro o derecha– sufrirán embates, al resistirse a esos estándares. Ya no hay “visas” múltiples renovadas cada cuatro años para los gobernantes. Ahora se “vota” (se opina, condicionalmente) todos los días a través de las redes sociales.

El resultado del referéndum lo entendió bien el expresidente Álvaro Uribe, cuya primera reacción tras el inesperado escrutinio fue en tono de mesura, muy lejos del triunfalismo de algunos extremistas conservadores en Guatemala. Una mesura, la de Uribe, que se sostiene, desde luego, sobre una base política que a partir de ahora solidifica y probablemente extenderá aún más.

Uribe ganó un puesto en una mesa de negociaciones de la paz que era bilateral y ahora forzosamente será trilateral. La continuidad de la guerra en Colombia no es viable. Lo que se abre es un armisticio, verificado internacionalmente por la ONU. El tablero se arreglará para una negociación dura y quizá aún más prolongada. En esa negociación habrá un cambio de partes: las FARC, siguen, y Uribe con su movimiento se suma. Será un delicado juego de ajedrez en el que Santos podría hacer valer su peso de presidente (aunque menguado) ejerciendo un balance. Pero solo decirlo desplaza al presidente Santos del centro del poder. Un tablero sin centro, es inestable, de difícil equilibrio.

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