Domingo 21 DE Julio DE 2019
Opinión

El peligro del desencanto político

En este entorno se termina por ceder el espacio de soberanía.

 

Fecha de publicación: 26-09-16
Por: Richard Aitkenhead Castillo

Definitivamente en Guatemala está aconteciendo un cambio de época. Un cambio que inicia, primero, con la firma de los Acuerdos de Paz, que constituyen la renuncia de la búsqueda del poder por medio de la lucha armada. Un segundo cambio, lo constituye el poder creciente de la ciudadanía a través de sus protestas ciudadanas, de la crítica de los medios de comunicación social y de las actuaciones de las organizaciones de la sociedad civil, dentro del sistema democrático. Un tercero, es la capacidad de resistencia de este sistema, que en nuestro caso ha sobrevivido, diversas y difíciles situaciones de cambio de gobiernos, sin rompimiento constitucional. El cuarto y final, el creciente debilitamiento de la fuerza de los partidos políticos y el aumento de poder de las instancias especiales, tipo CICIG, así como el peso de la política exterior de los Estados Unidos.

Los Acuerdos de Paz, que cumplen su vigésimo aniversario, son un paso importante en nuestra historia política y no deben ser ignorados o descalificados, independientemente de los avances en su agenda sustantiva de desarrollo. Son un referente importante de la capacidad de alcanzar acuerdos y de la importancia de descartar las vías violentas como mecanismo de solución de controversias. Valorémoslo en su justa dimensión.

El poder creciente de la ciudadanía, su ejemplo cívico en las gestas del 2015, son activos importantes que deben ser preservados. No puede desgastarse este poder con la protesta permanente. Los medios de comunicación deben mantener su presión investigativa pero deben evitar una actitud destructiva a todo intento de administración de lo público. Si la crítica es total, el resultado es debilitamiento institucional. Necesitamos lo contrario, el fortalecimiento institucional. La sociedad civil, por su parte, debe privilegiar el bien común por sobre sus agendas particulares y su búsqueda de protagonismo.

La resistencia de nuestro sistema constitucional ha sido ejemplar, pero de tanto ir el cántaro al agua, por fin se rompe, reza un dicho nacional. No exageremos la capacidad de sobrevivencia del sistema democrático. Es importante fortalecerlo, no destruirlo.

Para finalizar, el debilitamiento de los partidos políticos no podrá ser superado sin cambios de fondo, de tipo legal, en la conformación, vigencia y participación electoral de dichos partidos. Se debe aceptar que son el medio de interacción entre el ciudadano y los poderes del Estado. Sin partidos políticos fuertes no existe soberanía, no puede combatirse la impunidad y la corrupción, ni puede promoverse el desarrollo sostenible. En este entorno se termina por ceder el espacio de soberanía, a intereses externos, en función del desorden y de la necesidad de sobrevivencia. El cambio ha empezado, con fuerte injerencia externa, pero sobrevivirá con apoyos internos. Es momento de impulsar el cambio de época. El Presidente salvó al sistema con su elección, ahora debe evitar el desencanto político de la ciudadanía, con su actuar.