Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Bailar con dos pies derechos

Jimmy Morales no se sostiene solo.

— Edgar Gutiérrez
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El que preside Jimmy Morales es el Ejecutivo con menos poder en 30 años de democracia. Es difícil explicarlo porque arrasó en la segunda vuelta electoral, éxito que se traduce en un capital político de inigualable “poder blando”. Por otro lado, atrajo a  tantos tránsfugas en el Congreso que su partido se convirtió en pocas semanas en la primera minoría, adquiriendo “poder duro” (aunque fuese a costa del poder blando). Los gobiernos por lo general necesitan conjugar ambos poderes, porque uno (el poder blando) es sinónimo de la legitimidad indispensable, clave de la negociación y la gobernabilidad democrática, y el otro (el poder duro) concede eficacia, o sea la capacidad de traducir los acuerdos en intervenciones oportunas.

En nuestra experiencia democrática el poder blando opera como un reloj de arena que comienza a vaciarse desde el primer día en que se ejerce el poder. Pero en política este reloj puede vaciarse con diferente velocidad y, eventualmente, rellenarse, dependiendo de su cuido y de la capacidad de ejercer el poder duro. Al presidente Morales se le vació la mitad del reloj de arena en apenas ocho meses. No ejerció el poder duro en el Congreso, básicamente porque su bancada sigue en la lógica de la vieja política que, a la vez, erosiona la legitimidad de la gestión del Ejecutivo. Pero además su poder blando ha sufrido una erosión directa y lamentable desde la implicación de su hijo y hermano en el caso “Botín Registro de la Propiedad”.

Desde hace poco más de una semana se quebrantó la etiqueta “ni ladrones ni corruptos”, que preservaba al poder blando de la Presidencia de la República. Esta semana el cuadro empeoró cuando el mandatario quiso emplear su “poder duro”. Inusitadamente se lanzó contra la prensa, colocándola en el bando de “la vieja política”. Como si los medios lo trataran según el monto de la pauta publicitaria que el gobierno les concede, o como si los periodistas que cubren la fuente gubernamental hablaran el lenguaje de la “fafa”. (Esto es no entender lo básico del poder simbólico.) Un día después publicó un desafortunado Acuerdo Gubernativo en el que, para tener fuerza y desplazar a pobladores en riesgo por el exceso de lluvias, decidió suspender garantías constitucionales, entre ellas la libertad de expresión. ¿Quería cazar libélulas con cañones 81mm?

En dos platos, con el poder blando disminuido el gobernante –consciente o no– ejerció con enorme desacierto un poder duro insostenible, y no podía salir bien librado. Autosocavó sus poderes y ayer tuvo que dar marcha atrás con el “estado de prevención” para reescribirlo, como hace unas semanas lo hizo con el proyecto de reforma tributaria. La gran ventaja que el mandatario tiene es que ningún sector –salvo indirectamente los implicados en los casos judiciales de la CICIG, en especial los de “cooptación de Estado”– quiere (ni le conviene) que él fracase para que no haya una regresión en el país. Ese es el tercer poder (ajeno) que hasta ahora sostiene a un presidente que baila con dos pies derechos. Pero todos saben que la ventana de oportunidad del cambio tiene pronto un plazo de caducidad.

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