Miércoles 20 DE Marzo DE 2019
Opinión

Transurbano = Transes urbanos (V Parte)

Los propietarios de los buses –a través de la AEAU– se han embolsado el subsidio mensualmente sin utilizarlo para invertirlo en el mejoramiento de este sistema tradicional de transporte.

 

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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Como se ha dicho en los artículos de opinión previos, el sistema Transurbano pretendía entre otros objetivos la sustitución de los buses rojos o tomates, que fueron en buena medida comprados durante la gestión edilicia de Óscar Berger Perdomo. El Sistema de Transporte Urbano tradicional –el de los buses rojos– que por obsoleto que sea sigue circulando en las calles y avenidas del Área Metropolitana de la Ciudad de Guatemala tiene grandes y obvias deficiencias que no ha podido arreglar ni con el millonario subsidio estatal que se le entrega año con año. Empresarios de transporte, pilotos, ayudantes, autoridades gubernamentales y municipales, la cultura conformista y autodenigrante del usuario que permite abusos diarios, la falta de visión y lucha de los que tienen la oportunidad de desplazarse en carro a su destino, todos partícipes y cómplices de la crisis de nuestro arcaico sistema de transporte.

No hemos podido entender lo vital e importante que es un sistema de transporte de calidad para una Ciudad, los grandes beneficios que otorga traducidos en ahorro de dinero y tiempo, ordenamiento vial y visual, entre otros. El propio empresariado del país y especialmente el de capital no ha entendido que los trabajadores de sus empresas no pueden continuar desgastándose, como lo hacen, utilizando ese sistema totalmente superado en el mundo moderno. El arcaico sistema de transporte tradicional (buses rojos y al que ahora también se le une el Transurbano) se estructura viciosamente con la guerra del centavo o como se le conoce en Guatemala, “pelea del pasaje” (Velásquez Carrera, 2008) que consiste en obtener la mayor cantidad de ganancia en el pasaje del día, la competencia es irracional y la realizan por medio de “carreras” para poder llegar antes a la próxima parada o en cualquier lugar, incluso a media calle, como sucede a diario en nuestra ciudad. Exponiendo la integridad del piloto y del ayudante y la del usuario.

Como si lo anterior fuera poco, los buses rojos, propiedad de muchos de los integrantes de la AEAU continuaron cobrando el subsidio, sin ningún control del Ministerio de Comunicaciones y/o del Ministerio de Finanzas Públicas y menos de los incompetentes profesionales que se han desempeñado al frente de la Contraloría General de Cuentas. En este sentido, se ha denunciado que han cobrado el subsidio sin poner a circular diariamente el autobús y que el mismo, según el Sindicato de Pilotos o choferes, se les alquila y que según sus cálculos costaba hace un año, al día, lo siguiente: Pago de extorsiones, Q50.00; Personal de apoyo, inspectores y medidores de tiempo, Q50.00; multas Policía de Tránsito, Q50.00; otros gastos Q60.00; pago del alquiler del bus Q300.00; Pago de combustible Q500.00; sueldo del piloto Q100.00; sueldo del ayudante Q50.00; alimentos de policías y choferes Q140.00; haciendo un total diario de Q1,300.00. De tal forma, que el Estado y los gobiernos de turno han estado dilapidando los recursos públicos con este subsidio, toda vez que son los pilotos o choferes quienes pagan el combustible diario y que los propietarios de los buses –a través de la AEAU– se han embolsado el subsidio mensualmente sin utilizarlo para invertirlo en el mejoramiento de este sistema tradicional de transporte. ¿Quiénes son los responsables de haber permitido este saqueo de los recursos públicos? ¿Qué papel juegan los ministros de Estado, el propio Congreso de la República, las autoridades municipales, la Contraloría General de Cuentas, etcétera?

Continuará…

 

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