Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El Señor de los Cielos

Hay un bombardeo subliminal para convertir a los narcos en héroes.

 

— Danilo Parrinello
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Cada poco aparece una nueva serie de televisión en que la narcoactividad es el motivo de la serie, y que siempre es la más vista en América Latina, aunque ahora con El Señor de los Cielos en Estados Unidos también bate récords de audiencia. Voy a mencionar algunas de las series, aparte de El Señor de los Cielos, que es la biografía novelada de Amado Carrillo quien fingió su muerte y es el hombre más poderoso de su país. Podemos recordar a Camelia la Texana (basada en Contrabando y Traición de los Tigres del Norte); El Patrón del Mal (Pablo Escobar Gaviria); La Reina del Sur la joven de Sinaloa basada en la extraordinaria biografía novelada de María Mendoza –la Mexicana– escrita por Arturo Pérez Reverte; Rosario Tijeras; El Capo; Las Muñecas de la Mafia, La Viuda de la Mafia, Sin Tetas no hay Paraíso, la primera novela del género escrita por Gustavo Bolívar; El Cartel basada en el libro El Cartel de los Sapos obra del exnarco Andrés López López. Además hay películas, novelas, biografías estudios serios sobre el tema que en estos países, donde no se lee, no tienen la trascendencia que sí tiene la televisión. De los libros, para quien quiera conocer por dentro a los carteles recomiendo, La biografía de Pablo Escobar de Alonzo Salazar J., que explica cómo Colombia se convirtió en el imperio del narcotráfico. Así también, En la boca del lobo, de William C. Rempel, historia del colombiano Jorge Salcedo que vive escondido en Estados Unidos de América y de quien nadie conoce su paradero, y que relata el mundo donde reinaban los hermanos Rodríguez Orejuela de Cali, los archienemigos de Pablo Escobar. Trata también de las relaciones de los carteles de Cali y Medellín donde con el capo Jorge Luis Ochoa eran dueños de un banco en Panamá. Fueron las guerras entre carteles lo que llevó a la captura y posterior muerte de Pablo Escobar. Los enemigos de Pablo (los Pepes), sociedad calificada por la DEA, como “la corporación criminal mejor organizada y financiada de la historia”. Tanto o más importante es conocer la obra coordinada por Arturo Santamaría Gómez, Las Jefas del Narco , donde leemos “lo más contundente en la estética tradicional del art narcó y su  leitmotiv que lo dibuja como un retrato hablado se condensaba en las indispensables cadenas de oro, anillos y esclavas del mismo material…” así como la narco troca y cuya filosofía de vida es: “es mejor morir joven y rico que viejo y jodido como mi papá”. A lo anterior se une el fenómeno musical de los narcocorridos. Todo es una apología del mundo violento de los narcos. En nuestros países donde todo “macho que se respete” , con su dosis de machista maya e ibérica lleva por dentro el deseo de ser Aurelio Casillas así como las mujeres, en su divina feminidad, quieren ser Mónica Robles. Aparejado va el odio, bien ganado y a pulso, hacia las autoridades policiacas. En ese mundo no hay James Bond a quien admirar, ahí solo hay corrupción y muerte y una hipnótica fascinación en que se exaltan los antivalores y que queramos o no, prende tan bien de nuestra sociedad tan sui géneris.

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