Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Revolución constitucionalista de 1897

“El odio a los tiranos los hizo mártires”.

 

— MARIO FUENTES DESTARAC
Más noticias que te pueden interesar

Hoy, quiero rescatar un hecho histórico que, en mi opinión, es de singular importancia y trascendencia para el constitucionalismo guatemalteco: La revolución constitucionalista de 1897.

José María Reina Barrios, conocido como Reinita, fungía como Presidente de la República. Este había sucedido en el cargo a Manuel Lisandro Barillas Bercián (1885-91) y, conforme lo que dictaba la Constitución, su periodo presidencial de seis años vencía el 15 de marzo de 1898.

Sin embargo, el gobernante, mediante el Decreto Gubernativo No. 529 de fecha 18 de junio de 1897, convocó a la Asamblea Nacional para que reformara la Constitución de 1879, en el sentido de prolongar el periodo presidencial hasta el 15 de marzo de 1902, es decir por cuatro años más. Esta reforma constitucional fue decretada el 30 de agosto de 1897.

Las autoridades de San Marcos y Quetzaltenango rechazaron esta decisión, que, además de antidemocrática, suponía un fraude al precepto constitucional que prohibía la reelección presidencial.

El 7 de septiembre de 1897, hace 119 años, estalló la insurrección reivindicativa. El 11 de septiembre, las fuerzas gubernamentales capturaron al alcalde de Quetzaltenango, Sinforoso Aguilar, así como al ciudadano Juan Aparicio, y el gobierno, haciendo caso omiso de una petición de clemencia, los fusiló el 13 de septiembre. El 15 de septiembre de 1897, los revolucionarios tomaron Quetzaltenango y desconocieron al régimen de Reina Barrios. Finalmente, el 4 de octubre de 1897 los rebeldes fueron derrotados y la insurrección fue sofocada.

Quienes murieron en el campo de batalla, entre ellos adolescentes del INVO (niños héroes de la Patria Constitucional), fueron sepultados en un panteón en el cementerio de la ciudad de Quetzaltenango, donde también fueron inhumados los restos de Sinforoso Aguilar, Juan Aparicio, Saturnino Pleites y de muchos más. En dicho panteón se inscribieron dos frases hermosísimas e inspiradoras, que me quedaron grabadas en la mente y el corazón: “El amor a la libertad los hizo héroes” y “el odio a los tiranos los hizo mártires”.

Reina Barrios, aunque victorioso, fue asesinado por Óscar Zollinger el 8 de febrero de 1898, irónicamente antes del vencimiento del periodo presidencial para el que fue originalmente electo (15 de marzo de 1898).

Aunque fracasó el intento por restablecer el orden constitucional en 1897, a partir de la reforma constitucional decretada el 11 de marzo de 1921, en la Constitución de Guatemala, además del imperativo de la no reelección presidencial, quedó incorporada la prohibición de la prolongación o prórroga del periodo presidencial, por cualquier medio, que es, además de un acto de fe en la democracia institucional, una suerte de reconocimiento permanente a los patriotas constitucionalistas de 1897.

En todo caso, la prolongación del periodo presidencial de Reina Barrios fue revertida por su sucesor, Manuel Estrada Cabrera (1898-1920), quien asumió como primer designado, decretó una amnistía general y fue electo Presidente en agosto de 1898 y se perpetuó en el cargo hasta 1920, a través del mecanismo de la reelección presidencial indefinida.

Sin embargo, cabe traer a colación que, posteriormente, el gobernante Jorge Ubico Castañeda (1931-44), con el fin de perpetuarse en el poder, convocó a la Asamblea Constituyente en dos oportunidades (1935 y 1941) y esta dejó en suspenso el precepto constitucional que prohibía la prolongación del periodo presidencial y prorrogó el mandato de Ubico por seis años en cada ocasión. Ubico no concluyó su tercer periodo presidencial (1943-9), porque renunció el 1 de julio de 1944, debido al repudio popular contra su régimen autoritario.

“Quien olvida su historia está condenado a repetirla”, dice Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana.

Etiquetas: