Domingo 9 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Nuestros Héroes y Caídos

Nuestra independencia no fue sangrienta, pero tuvimos guerras en el siglo XIX al nacer la República y con la Revolución Liberal.

— Antonio Arenales
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Todos los Estados recuerdan y honran a quienes han luchado por defender su libertad, sobre todo a los que han dado su vida. Tanto en ciudades con grandes ejércitos y protagonistas de numerosas y sangrientas revoluciones y guerras; así como en países con moderados ejércitos y tradición democrática, civil y laica; son incontables los monumentos levantados y las calles y plazas nombradas, que recuerdan y honran a soldados y combatientes y a los comandantes y generales que lideraron sus luchas.

Por las guerras de independencia, liberación o defensa, la celebración de victorias y honrar a los caídos, ha ignorado los errores y horrores que ocurren en toda guerra. Pero cuando hay derrotas y en las guerras civiles, se magnifican errores y horrores y se olvida, injustamente a quienes lucharon con valentía y convicción su “causa patriótica”.

Nuestra independencia no fue sangrienta, pero tuvimos guerras en el siglo XIX al nacer la República y con la Revolución Liberal. Ambos hechos deberían haber consagrado a Carrera y a Barrios como héroes, pero los muchos detractores han exagerado los innegables errores y se mal recuerda a Carrera y reconocer poco a Barrios. En el siglo XX recordamos y exageramos los modestamente heroicos derrocamientos de las dictaduras de Estrada Cabrera y Ubico; y nos hemos olvidado de los miles de muertos, soldados y sus comandantes, que lucharon y ganaron las dos batallas que nos empujaron a pelear los contendientes de la “Guerra Fría”, la Liberación en 1954 y la más dura y sangrienta guerra de nuestra historia, el enfrentamiento armado de 30 años que terminó tras la caída del Muro de Berlín que desmoronó el bloque comunista. Puede ser aceptable algún reconocimiento a los combatientes de la guerrilla que pelearon por convicción, lo que resulta imperdonable es el olvido a los soldados y patrulleros que nos libraron de la dictadura comunista que hubiere resultado del triunfo de la guerrilla Marxista. Hubo errores y horrores, muchos y graves, pero nada desmerece el valor, el sacrificio y el patriotismo de quienes derrotaron a la guerrilla y nos permiten hoy construir un Estado democrático de Derecho. Perseguir a los comandantes de la contrainsurgencia y despreciar a los muertos y heridos a quienes debemos ser libres es ruin e infame. El Ejército, los patrulleros, Castillo Armas, Arana, Lucas y Ríos Mont merecen agradecimiento por su valiente lucha y perdón por sus errores. Los insurgentes vencidos deberían recordar y emular las palabras de Ismael Cerna, perseguido y encarcelado por Barrios: “…pasó tu hora; solamente la historia tiene ahora derecho a condenarte o absolverte… no olvido que… quisiste engrandecer la patria mía. Y en nombre de esa Patria te perdono”.

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