Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La Fraternidad ¿el valor pendiente?

Los principios de la Revolución Francesa se han convertido en lenguaje común.

— Álvaro Castellanos Howell
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Trilogía axiológica que se consolidó durante los largos años de esa gesta revolucionaria. En1793 se usaron por primera vez en documentos oficiales. En París, se invitaba a los ciudadanos a que pintaran en las fachadas de su casa la frase “Unité, Indivisibilité de la République; Liberté, Égalité, Fraternité, ou la Mort” (“Unidad e Indivisibilidad de la República; Libertad, Igualdad, Fraternidad, o la Muerte”).

Años después, la Convención Termidoriana prefirió eliminar la coletilla “o la muerte”, porque recordaba los años del terror jacobino.

La libertad es la esencia del Constitucionalismo. De hecho, algunos tratadistas, en una gran síntesis, definen al derecho constitucional como una técnica de la libertad.

Las libertades públicas son los derechos fundamentales. Son esas esferas de la dimensión personal que no pueden ser restringidas, disminuidas o violentadas por el poder público. Por supuesto, si la libertad es un derecho, o el derecho de los derechos, debe entenderse que en correlación inevitable, siempre hay alguien que tiene una obligación. Casi siempre es el propio Estado, pero no solo es el Estado.

Se habla de “generaciones” de derechos humanos, pues cada vez se hace más necesario limitar el poder de las autoridades y promover el respeto de la dignidad humana en las relaciones intersubjetivas.

La igualdad, por su parte, es esa exigencia de estar sometidos todos por igual, a las leyes. Es realmente, la llamada “igualdad ante la ley”, o igualdad formal. Si algo buscó la Revolución Francesa es acabar con los privilegios de la nobleza en el Antiguo Régimen. De ahí en adelante, no importando cuánta sangre azul se tuviera en las venas, nadie podría considerarse por encima de la ley. Por supuesto, existe otra igualdad, para muchos, más importante: la igualdad material o “de oportunidades”, que busca alcanzar un concepto más social de la justicia. Muchas veces esta noción de igualdad, algunos la ven contrapuesta a la libertad. Eso no debería ser así. Siempre es posible ponderar y saber qué valor o principio debe ser el rector en la toma de decisiones.

Pero, ¿y la fraternidad? Esa amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales (DRAE) es la base y el fin de todo. Como dijo Frédéric Bastiat, “la fraternidad es espontánea o no lo es. Decretarla, es aniquilarla”. Creo que ahí está nuestra máxima tarea pendiente.

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