Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El nuevo canciller del Brasil

José Serra, un estadista de una reconocida y sólida trayectoria al servicio de su país.

— luis fernando andrade falla
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El cielo nublado, las brisas ligeras y los vientos fríos agradables de noviembre se hacían sentir en la costa atlántica francesa (mar Cantábrico) de la ciudad de Biarritz, territorio del sudoeste francés de origen vasco, cuando sin premeditarlo coincido saliendo de la clausura del famoso foro de Biarritz del año 2010 con José Serra, quien tan solo unos días antes había perdido en segunda vuelta las elecciones presidenciales del Brasil frente a Dilma Rousseff. 

Ambos, que habíamos participado en las conferencias en que se debatía las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe, en mi caso lo hice en mi calidad de secretario general de la Asociación de Estados del Caribe (2008-2012), nos dirigíamos casualmente al hotel Du Palais, que se ubicaba a unas cuadras de distancia del lugar en el que se desarrolló aquel memorable, plural y enriquecedor evento de carácter internacional.

Discurrió luego de un saludo una amena e informativa conversación sobre la política electoral brasileña en tanto llegábamos al hotel. Los casi cuarenta y cuatro millones de votos que recibió no fueron suficientes para los casi cincuenta y seis millones obtenidos por Dilma Rousseff, pero representaban un aumento significativo de su caudal político de cerca de once millones de votos adicionales comparado con su primer intento de llegar a la presidencia de su país en el 2002 frente a Luiz Inácio Lula da Silva. Fue muy preciso en señalar a los programas sociales diseñados en función de un clientelismo político y populista del gobierno del Partido de los Trabajadores que distorsionaban los votos electorales y mostraba al comentarlo un alto grado de resignación ante esa realidad. De aquella conversación pensé que el futuro político de José Serra, un estadista de una reconocida y sólida trayectoria al servicio de su país había llegado prácticamente a su ocaso.

La controversial destitución de la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, de su segundo mandato de gobierno, a través de un proceso inédito con trasfondo político en ese gran país sudamericano, no se preveía posible y mucho menos seis años atrás en aquel atardecer de noviembre de 2010 en la ciudad de Biarritz.

José Serra, quien en representación de su Partido Social Democracia Brasileña, PSDB, aceptó cogobernar en esta transición con los exaliados de Dilma Rousseff, regresa a la política nacional como parte del poder Ejecutivo de Brasil en un momento crítico y en una posición de fiel de la balanza, presidiendo Itamaraty, el ministerio de Relaciones Exteriores, una de las instituciones del Estado Federal brasileño de mayor prestigio nacional y cuya diplomacia es reconocida como una de las más sofisticadas y profesionales en el ámbito de las relaciones internacionales globales. 

El nuevo Canciller del Brasil al dirigirse por primera vez al conjunto de funcionarios de Itamaraty delineó con la confianza de representar un país con intereses y responsabilidades internacionales ciertas directrices entre ellas que, “En las Naciones Unidas y en todos los foros globales y regionales a que pertenece, el Gobierno brasileño va a desarrollar acción constructiva en favor de soluciones pacíficas y negociadas para los conflictos internacionales y de una adaptación de sus estructuras a las nuevas realidades y retos internacionales; mientras que se esforzará para superar los factores desencadenantes de las frecuentes crisis financieras y de la reciente tendencia a la desaceleración del comercio mundial”.

Asimismo, expresó, “La diplomacia del siglo XXI no puede descansar solo en la exuberancia retórica y en el tono autolaudatorio de los comunicados conjuntos. Es necesario tener objetivos claros y ser al mismo tiempo discurso político y resultados concretos”.

Le deseamos éxitos al nuevo Canciller del Brasil tanto en su delicada posición política a lo interno del gobierno de transición como en su gestión en el manejo complejo de la política global de su país.

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