Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

2,700 contribuyentes, 76% de los impuestos

La forma más descarada es vender sin dar factura. En esta no gana el consumidor ni el fisco, solamente el vendedor.

— Richard Aitkenhead Castillo
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Esta es una aseveración repetida por industriales y empresarios del país. Falacia total. Desconocimiento de los principios económicos o un intento de confundir a la población y a políticos novatos. Es un craso error el confundir la tarea de recolección de impuestos, con la carga del pago de los mismos. Todos los guatemaltecos pagamos impuestos, unos más, otros menos.

Pongamos las cosas en su verdadera perspectiva. Es imposible que 2 mil 700 contribuyentes paguen el 76 por ciento de los impuestos, si dos terceras partes de la recaudación tributaria vienen de impuestos al consumo, especialmente el IVA, que lo pagan todos los guatemaltecos en su consumo de bienes o servicios. De cara al futuro, será necesario elevar al 15 por ciento la tasa del IVA y mejorar su recolección, ya que una buena parte del IVA nunca llega a su destino.

La forma más descarada es vender sin dar factura. En esta no gana el consumidor ni el fisco, solamente el vendedor. El cambio de la efectividad del modelo, no es complejo. El proceso inicia en la entrada de los productos de importación donde más importante que la tasa del arancel es contar con el valor real de la factura y hacer el cobro del IVA correspondiente. El segundo paso son los controles de los volúmenes de producción, en los principales centros de fabricación industrial. Una sencilla forma de saber que lo que se produce, se declara.

En tercer lugar, que los grandes distribuidores ayuden en el proceso de recolección del IVA, que se conviertan en retenedores del impuesto a pagar de los pequeños tenderos y de esa forma, apoyen a que la economía informal no se propague, algo que con frecuencia solicitan las entidades gremiales. La cuarta, eliminar, de una vez por todas, las exenciones que se mantienen sobre el no cobro de IVA.

La segunda parte del programa debe ser el Impuesto sobre la Renta, el que debe pagar, quien gana más. El de las empresas funciona en forma aceptable y recauda casi la totalidad de los impuestos directos. El que anda mal, y que la reforma buscaba atacar, es la baja recaudación del ISR de las personas. Este debe elevarse al diez por ciento, el diezmo, como mínimo, sin importar el origen del ingreso.

La contrapartida indispensable, la reforma en la calidad del gasto público. El problema no son los salarios de los servidores públicos, lo que importa es que realicen el trabajo para el que fueron contratados, con dedicación y efectividad. Terminar con las plazas fantasmas. Por otra parte, que la Ley de Compras y Contrataciones sí funcione y promueva la transparencia en el gasto y se eviten los desabastecimientos y sobreprecios.

El sistema político tradicional se resiste a morir. Desde los críticos de la falta de presencia del Estado ante los problemas en hospitales y la falta de educación, pero con la eterna resistencia a todo cambio fiscal. La realidad es que las reformas avanzan poco a poco y sin demasiada profundidad. Lo único que remueve a todos son los anuncios del MP y la CICIG. El resto, críticas y acusaciones pero poca voluntad de cambio real.

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