Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¡Qué necesidad!

Pero, ¿qué necesidad tenía Peña Nieto de invitarlo, recibirlo y darle un trato casi de Jefe de Estado?.

— Roberto Blum
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El pasado domingo murió el “divo” Juan Gabriel, autor –o más bien popularizador– de la frase con que titulo esta colaboración. No sé exactamente qué quiera significar, pero parece que se usa para aludir a lo obvio: por ejemplo, una trampa evidente, un esfuerzo o medida innecesaria, un claro problema para cualquier individuo con un gramo de inteligencia y previsión.

Así la han usado varios analistas políticos mexicanos, para referirse a la absurda invitación que le hizo el presidente mexicano al candidato Donald Trump para reunirse con él en México. Y parece que tienen razón. ¿Qué necesidad tenía Peña Nieto de invitar y luego reunirse con un individuo que durante un año ha insultado continua y públicamente a México y a los mexicanos? Resulta difícil entenderlo.

La visita de Trump a México suscitó de inmediato un enorme rechazo entre los habitantes de ese país. Las “redes sociales” vibraron al rojo vivo. No solo la visita de quien era el “enemigo declarado” de los mexicanos. sino de todos los inmigrantes en los Estados Unidos cuando la visita se realizaba.

La visita se efectuó la víspera del “informe presidencial”. Durante ochenta y ocho años, a partir de la proclamación de la Constitución de 1917 y hasta el 2005, el presidente mexicano rendía personalmente un “informe del estado de la Unión” ante el Congreso de la República. La importancia de ese “informe” era tal que, durante el mes de agosto, prácticamente se cancelaban todas las actividades del Presidente para darle oportunidad de preparar ese magno evento político y administrativo. El 1 de septiembre era y es “el Día del Presidente”.

Dada lo sorpresivo de esa visita y la extraña e insólita fecha, de inmediato surgió en las redes el rumor de que el señor Trump impuso el encuentro, la fecha y el estilo a su personal conveniencia. Las encuestas estadounidenses muestran que la campaña del candidato republicano no levanta el vuelo. La opinión de los electores “hispanos” en los Estados Unidos sigue siendo sumamente desfavorable a Donald Trump y se cree que, sin una buena proporción de votos de ese grupo, el republicano no puede ganar las elecciones de noviembre. Por ello Trump necesitaba mostrar una cara más favorable ante los votantes México-americanos. Sin embargo, poco o nada cambió su discurso sobre la política de inmigración esa misma tarde en Phoenix, Arizona.

Pero, ¿qué necesidad tenía Peña Nieto de invitarlo, recibirlo y darle un trato casi de Jefe de Estado? El reconocido historiador Enrique Krauze, un intelectual de centro-derecha, opinó que el evento era un gran error y que solo se podría justificar si públicamente el Presidente le exigía a Trump ofrecer disculpas al pueblo de México por los insultos y las constantes injurias a la dignidad de toda la nación. El mandatario mexicano no hizo ni siquiera eso. Más bien Peña Nieto, el presidente de México, dejó que Trump, un simple candidato a la presidencia estadounidense, impusiera su agenda y su estilo en la conferencia de prensa que se ofreció al final de la ya larga reunión privada. Esto resulta absolutamente incomprensible.

La cantante y folclorista Amparo Ochoa le decía en 1975* a uno de sus personajes musicales, el Jacinto Cenobio, “Yo no sé qué culpa/ quieres pagar/ aquí en el infierno/ de la ciudad”.

¿Qué necesidad oculta tendrá Peña Nieto de permitir que un bully como es Donald Trump lo humille públicamente a él y a todo el pueblo que representa? Quizá sea una pregunta para la psicología profunda de Enrique Peña Nieto, pero sin duda también es una cuestión que afecta a la totalidad del pueblo que le otorgó el mandato de representarlo en el exterior y velar siempre por los intereses de la Nación. Esto último no es una cuestión puramente personal, sino de una grave responsabilidad pública, de la que Peña Nieto habrá de responder personalmente.

*https://www.youtube.com/watch?v=ZYn47FezOzo

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