Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Prejuicios

La force du préjugé (Pierre A. Taguieff).

 

— Álvaro Castellanos Howell
Más noticias que te pueden interesar

Hace algún tiempo comentaba en este mismo espacio que, quizás a mayor abundancia de prejuicios en nuestra mente, más tendemos a usar falacias como aparentes argumentos en nuestras discusiones.

No sé si mi razonamiento sea correcto o no. De no serlo, sería una falacia.

Distinguía en aquella ocasión los prejuicios de los estereotipos. Pero hoy creo que me concentraré solamente en los primeros.

Ello, con el afán de tratar de entender especialmente si la “argumentación” partiendo de prejuicios se basa en falacias que se cometen intencionalmente para persuadir o manipular a los demás, o si son aquellos errores no intencionales, debidas a descuidos gramaticales, lógicos o semánticos.

Prejuicio es, en general, un sentimiento, favorable o desfavorable, no fundado sobre la experiencia, respecto de una persona o un grupo.

Si esa definición es correcta, entonces todo prejuicio se configura como una toma de posición arbitraria, pues no está basada sobre datos de la realidad. Además, no es un pensamiento, sino un sentimiento, lo que ubica a los prejuicios en lo intersubjetivo más que en lo racional.

La duda es si el prejuicio es generalmente entonces un sentimiento hostil que predispone a actitudes de intolerancia o marginación. Asumamos que, el sentimiento hacia otra persona o grupo de personas, fuera favorable. Por ejemplo, ¿admiramos a las personas de ciertos países, porque los consideramos más desarrollados y cultos que nosotros, o más “civilizados”? ¿No sería eso en todo caso, un sentimiento hostil hacia nosotros mismos?

Es decir, todo prejuicio, por no ser razón ni experiencia, nos lleva, tarde o temprano, a una actitud hostil hacia el otro, o eventualmente, hacia uno mismo.

En los tiempos que ahora atravesamos, debemos intentar transitar por senderos que nos permitan distinguir y racionalizar las cosas y los hechos, en pro de las personas. La dignidad de cada individuo exige evitar el debatir o discutir sobre él o ella con base en prejuicios. La dignidad humana exige evitar tomar una actitud de rechazo o repudio o aún también de aceptación, hacia una o varias personas, fundadas en puros prejuicios.

No se trata solamente de no ser falaces, sino no ser injustos. No caigamos en la convicción que la ausencia de razonamientos da lo mismo, porque es como aquello con lo cual o sin lo cual, todo queda igual: el querer seguir prejuzgando, como una de las aficiones más difundidas socialmente.

Etiquetas: