Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Delincuentes de cuello blanco

Nos toca a los ciudadanos liberarnos.

 

— Méndez Vides
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Los chapines, por experiencia, hemos aprendido a desconfiar de las asociaciones donde se atribuye poder a personas destinadas al servicio, que pronto se malean y pasan a constituirse en lo contrario, en instrumento de dominio y extorsión.

Un claro ejemplo son los sindicatos, como el que arruinó el sistema de educación o aquellos que tipifican la podredumbre del Congreso. El nivel promedio de educación nacional continúa deslizándose en el barranco, la juventud ya no aprende, apenas se salvan quienes no necesitan tecomates para nadar, y ya se perdió el respeto a toda representación. En las colonias, comunidades y poblaciones del país hay comités que se integraron para asegurar beneficios colectivos y resultaron convertidos en medio de presión, de captación de privilegios y baúl de beneficios para los vivos. La delincuencia se apodera de todo espacio. Son unos pocos quienes empiezan correctamente las gestiones y otros quienes toman las riendas para beneficiarse. El mal ejemplo del Gobierno llegó a todas las esferas de la sociedad. La impunidad y corrupción se afianzaron en el sistema, en el cuerpo, y ahora nos toca a los ciudadanos liberarnos de sus amarras.

Ni los Colegios Profesionales se libran del vicio, están contaminados, porque aunque su finalidad original fue la protección y respaldo del libre ejercicio del profesional frente al empirismo, ahora resultan convertidos en una trampa mercantil debido a su condición obligatoria por el pago de cuotas, que es una delicia para los administradores. El profesional está obligado a pertenecer a un Colegio y para ello tiene que pagar, quiera o no el respaldo, generándose un fondo jugoso que es la manzana de la discordia, porque es manejado por juntas directivas empoderadas como los políticos en el Gobierno o las maras. Las directivas elegidas por el voto terminan dedicados a planear en qué gastarse el fondo, sabiendo que quien reparte se queda con la mejor parte. No les importa defender derechos de nadie, no aseguran el libre ejercicio sino lo prohíben. No se trata de cuidar el saber sino de hacer pagar a los asociados. Todo es dinero. Los Colegios Profesionales terminan haciendo negocio como burócratas cualquiera, venden constancias con el sellito del atraso, y fomentan una masa mediocre de testaferros.

¿Qué nos pasa? Todos nos extorsionan, las organizaciones gremiales y sociales pasan de ser un auxilio a ente represor. Se elige a una junta directiva y ya se hizo la trampa, porque no tardan en cambiar y empiezan a nutrirse de la obligación ajena, y es así como se agita la mala costumbre y vivimos formando delincuentes de cuello blanco.

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