Sábado 17 DE Agosto DE 2019
Opinión

Fábula del salmón y el Cahabón

Los derechos de las mujeres son inherentes a la democracia y al desarrollo.

Fecha de publicación: 27-08-16
Por: Franco Martínez Mont

Según PNUD, Guatemala en 2015 ocupaba la última posición sobre equidad de género en el Istmo, donde las mujeres son sujetos excluidos (la paridad electoral es una quimera en pleno siglo XXI), son víctimas de violencia intrafamiliar y sexual (el caso Sepur Zarco evidencia los horrores “justificados” en contra de las mujeres durante el conflicto armado), y aun cuando contribuyen al desarrollo económico (35.9 por ciento de las mujeres conforman la PEA), siguen siendo víctimas de la espiral de violencia transnacional (pandillas juveniles y narcotráfico).

La vida de las mujeres es una fábula del realismo mágico: El salmón y el Cahabón, que simboliza las luchas históricas de las mujeres organizadas por hacer efectivo el cumplimiento de sus derechos ante el Estado, el mercado y la sociedad.

Una lucha titánica donde el salmón (mujeres como sujeto sociopolítico) nada contra corriente, desafiando los rápidos feroces y retrógrados del río Cahabón (sistema en su multidimensión), tratando de reivindicar, defender y ejercer su ciudadanía ante las cloacas de la impunidad, el autoritarismo, la corrupción, la impunidad, el racismo y la matriz patriarcal que da origen al Estado burgués.

En esta fábula, emergen dos personajes: a) la violencia contra la mujer y el femicidio (criatura perversa); y b) las nuevas masculinidades (halo esperanzador).

La criatura perversa está enraizada en el inframundo político, pues aunque existe una Ley contra el Femicidio y otras Formas de Violencia contra la Mujer, esta no genera transformaciones sociales y culturales inmediatas, establece un marco regulatorio que promulga derechos, configura institucionalidad y establece sanciones, pero sus posibilidades y alcances son pobres en materia penal, ya que en esencia el meollo de la problemática se encuentra en desmontar los imaginarios machistas en la familia, escuela, iglesia, medios de comunicación, universidades y en redes sociales.

El halo esperanzador está destinado a desestandarizar los patrones individuales y colectivos sobre lo que significa ser hombre, subyace como variable subjetiva para “civilizar” al macho ortodoxo, ponerlo a tono con las acciones afirmativas –aunque no son suficientes–, revolucionando las conciencias y atacando los prejuicios.

Una fábula inacabada y compleja, pues el sojuzgamiento de género es imperativo para sostener las estructuras de dominación, inequidades, sometimiento simbólico y hegemonía del poder, elementos constitutivos del capitalismo y de la globalización neoliberal.

framont@gmail.com