Martes 18 DE Junio DE 2019
Opinión

Más allá de las causas

Esa inseguridad provocada por las condiciones emocionales y psicológicas en la familia trasciende más allá de la conducta de la persona y la vuelve violenta en acciones, palabras y gestos o tímida, sin carácter y dada a la murmuración, a la indiferencia.

Fecha de publicación: 25-08-16
Por: JORGE H. LÓPEZ

Uno de los vehículos por donde se transporta la envidia es la diatriba, es la violencia de un mensaje que derriba honras, sin mostrar el esfuerzo para construir una comunidad que se enfrenta a graves problemas sociales, es la actitud fácil en la que se escabulle la responsabilidad de lo que ahora está pasando en el país. Basta con dar un repaso alrededor para ver por dónde anda el escándalo y qué lo provocó. Mucho se ha dicho sobre el origen de los acontecimientos, la falta de comunicación en el hogar donde cada quien tomó su rumbo y no hubo alguien que dirigiera, que estableciera la visión de la familia, que la fundamentara en algo sólido.

Lo que sucede en el interior de una familia sucede a lo externo en una nación, en la que se habla de violencia que se expone en cifras de más de tres mil muertes provocadas con armas de fuego o punzocortantes, sin contar lo que pasa en los centros de detención de adultos o “correccionales”, así entre comillas porque eso es lo que menos tienen. Y qué decir de las 500 violaciones en un mes, los embarazos no deseados que se pierden en la diversidad de cantidades y en jovencitas sin haber alcanzado la mayoría de edad. En muchas familias se permite el chisme, la acusación sin fundamento para causar daño, el crimen sin castigo donde encaja la venganza, el rencor por las frustraciones y fracasos y a todo esto agreguemos la falta de un faro que ilumine el rumbo hacia un lugar seguro.

Esa inseguridad provocada por las condiciones emocionales y psicológicas en la familia trasciende más allá de la conducta de la persona y la vuelve violenta en acciones, palabras y gestos o tímida, sin carácter y dada a la murmuración, a la indiferencia a no detenerse a pensar lo que va a decir y ver lo malo en todo lo que ve, lee. Y de aquí viene la vanidad, el orgullo, la prepotencia que desemboca en la falta de humildad y más bien en egoísmo, a desear los bienes ajenos, no solo materiales sino a envidiar lo que el prójimo tiene.

Hay necesidad de cambios profundos, pero no se lograrán con una barnizada de buena voluntad o esfuerzos dispersos o con intención de intereses particulares, lo primero es la trasformación de la persona que deje los caminos equivocados en los que deambula, que proyecte responsabilidad paternal, que demuestre principios morales y conducta intachable, dice la Biblia que todos somos pecadores, ni un solo y por eso Jesús le dijo a la multitud que trataba de lapidar a una mujer pecadora: el que esté limpio de pecado, que tire la primera piedra. Simplemente les dijo no sean hipócritas, farsantes.

Los filósofos griegos llamaban introspección al examen a lo más interno de la persona, una autoevaluación para conocerse a sí misma. Eso ayudaría a hacer mejores individuos, mejores familias y mejores países, mejores sociedades. El cambio debe hacerse desde lo más pequeño para que evolucione y alcance a lo más grande, del individuo a su grupo, al conglomerado. Hay que hacer las cosas buenas que parezcan buenas y no enroscarse en vanas teorías de cambios superficiales o de esnobismo, secularismo y cuanta cosa que nos ha alejado del principio moral.