Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Zalo Sueiras alias “Trucutú”

Nuestro cavernícola inverosímil.

— José Luis Chea Urruela
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  1. Cuando Pujas, el profesor de literatura del Colegio nos pidió a los alumnos de la Sección “A” que redactáramos un poema, Zalo Sueiras, alias Trucutú no lo dudó, en dos minutos pergeñó unos versos y orgulloso nos los leyó a todos. Los mismos rezaban así: “A lo lejos se divisa una vieja con gran prisa, que corriendo llega a misa impulsada por la brisa”; inmediatamente supe que no sería un gran poeta, pero sabía a ciencia cierta que sería un gran amigo.
  2. Recreo, una mañana entre semana. Por alguna razón, olvidada ya, el más pequeño de los canches Ruiz, que era dos veces más grande y canche que su servidor, me retó a los trancazos en el patio de fútbol del Colegio, condenándome de antemano a una paliza segura, temerario que soy, acepté el reto, pero justo cuando me aprestaba a recibir la primera trompada, apareció Zalo y se ofreció para pelear en mi lugar. Aprendí que los verdaderos amigos no son quienes te consuelan cuando estás triste, sino quienes te acompañan a romperle la cara a quien te quiere pegar.
  3. Noche de viernes, casa de las Cortez, zona 9, con las hormonas desatadas al ritmo de la música del momento – By The time I Get to Phoenix–, Zalo, se anima a sacar a una de las amigas de Corina –la anfitriona– baila pegado, y al terminar la fiesta, contra toda lógica, apuesta que Olguita Lemus, la patoja con la que había bailado, sería su novia. Al día siguiente Zalo no solo ganaría la apuesta, sino que se sacaría la lotería, Olguita le diría que sí, y desde entonces Olguita y Zalo serían lo que siempre fueron, una misma persona.
  4. Cualquier noche de la semana, Zalo le escribía a Olguita, quien se encontraba en Londres tomando unos cursos de inglés, su carta cotidiana. Ocho meses permaneció Olguita fuera y más de 250 cartas atestiguan el amor y la perseverancia de Zalo. Eso sí, Zalo se quejaba amargamente que se perdieron las cartas número 27, 33 y 42. Fue su primera queja contra el sistema de Correos y el Gobierno. Dejó de escribir, pero nunca de quejarse.

1971-2016. Nunca apodo también puesto por Randy Brenner. Trucutú. Nuestro cavernícola inverosímil, caminó por la vida sin celular, sin internet, sin computadora, sin carro, tan solo una vieja bicicleta que lo llevó al gimnasio, a su trabajo en el IGSS, a su clínica, a su casa, a perder el sentido del gusto y el olfato y eventualmente a su destino final.

1 de agosto 2016. Zalo, personaje inefable, deportista infatigable, portero vitalicio del Hércules, efímero pasajero de la hermandad del Land Rover azul, rey del Culotte, embajador del Fiambre, gran chef de la paella, caballero auténtico, amigo leal, obcecado ciudadano, padre ejemplar, devoto esposo, dentista consciente, anfitrión inigualable, incluso en casa ajena, murió como vivió, en su ley. Una sencilla bicicleta blanca nos recuerda a los sobrevivientes de la XII promoción, que el éxodo ha comenzado. Salud Zalo, y como dijera el doctor Berger, “Lo Hiciste Bien”.

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