Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La grave equivocación de los políticos

No cabe duda, que quien los equivoca, tan notoriamente, es ese enjambre de aduladores y asesores.

 

— Silvia Tejeda
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El presidente Jimmy Morales, al pretender ignorar, que democracia es el principio de la diversidad de opiniones, sumado a un pluralismo de participación ciudadana, se quejó de la actitud de los guatemaltecos que le señalan sus errores y no aceptan sus propuestas para solucionar los conflictos generalizados. En esa oportunidad, le dio un cariz de negatividad a la realidad que nos identifica como un país donde existen diferentes posturas ideológicas, socioeconómicas y una diversidad lingüística y cultural. Eso le molesta y lo saca de control. Según él, todo sería mejor, si se aceptara, sumisamente, su propuesta –Reforma Fiscal–, y si se aprobara, sin discutir, para que el pueblo la recibiera como maná del cielo. Cree que, porque él está bien intencionado, y sus huestes de colaboradores se lo recomiendan, sus propuestas no se deben rechazar, ni discutir, mucho menos oponérseles. –La primera prueba de fuego, para su capacidad de gobernar y manejar la crisis–.

En el Desayuno Nacional de Oración, el Vicepresidente coincidió con el Presidente, –naturalmente–, al referirse a la crítica de las acciones gubernamentales. Consideró lamentable que el gobierno se desgaste por la “Crítica no constructiva” que se hace a su gobierno desde diferentes medios de expresión. Con uno y otro comentario, ambos, como gobernantes, sacan a luz su desconocimiento acerca de que, una de las escasas conquistas que existen en el proceso democrático guatemalteco ha sido la libertad de expresión. Disentir es un derecho, y del juego de diferentes opiniones puede nacer una idea conveniente a toda la sociedad.

Ellos no son los únicos equivocados al pensar que los medios de comunicación, no oficiales, ni millonariamente comprados, tienen que enfocarse en divulgar las obras que ejecutan y los proyectos anunciados con bombos y platillos, aunque nunca los realicen. En primer lugar, es imperativo aclararle a la mayoría de políticos gravemente equivocados que los conceptos: “Crítica positiva o crítica no positiva” no existen en los parámetros de la comunicación escrita o verbal. Una crítica, significa hacer un examen o emitir un juicio acerca de alguien o algo, por lo que se expresa obligadamente lo positivo y lo negativo de lo que se habla. Ellos sin duda, lo que piensan es que los medios de comunicación debieran pronunciar encomios a los funcionarios. Quedarían más claras sus pretensiones si supieran que la palabra “encomio” significa elogiar las cualidades de alguien o de algo. Y si a lo que aspiran es a recibir alabanzas por lo que hacen, las alabanzas son cánticos religiosos inspirados por la beatitud de Dios.

No cabe duda, que quien los equivoca, tan notoriamente, es ese enjambre de aduladores y asesores, que los encamina para que se crean semidioses mal comprendidos por sus compatriotas. Es oportuno recordarles a todos los políticos que, desempeñan cargos públicos, los votantes los eligen para que gobiernen, para que atiendan las necesidades más urgentes en un país que se ahoga en serios conflictos, y su posición de poder no es para que lo utilicen haciéndose una beatífica imagen. Mucho menos, para que se malgasten millones de quetzales en campañas publicitarias donde se informa que trabajan por la salud, la educación o para erradicar la pobreza. Nada de heroico tiene que un funcionario lo haga, puesto que es su obligación y para que trabaje le paga el contribuyente salarios y viáticos excesivos, en un país tan empobrecido como es el nuestro.

Si la mayoría de políticos que desempeñan cargos públicos supieran, de antemano, que es su calidad de funcionario y la eficiencia de su desempeño lo que sí llamará la atención de los medios de comunicación, no se preocuparían por tener una buena o mala imagen, la difusión de su capacidad vendría por inercia.

Les recomiendo a las oficinas de Relaciones Públicas de todas las dependencias gubernamentales y de los otros poderes del Estado que sería muy, pero muy edificante para algunos funcionarios públicos, que les organizaran seminarios donde aprendieran cuál es el papel de los medios de comunicación en una sociedad democrática. Se anularían los malos entendidos.

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