Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Pobres contra pobres

Extorsión, un recurso alternativo.

— Helmer Velásquez
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Las sociedades como las nuestras, incuban en su seno, a sus propios depredadores; es de las legiones excluidas, de donde provienen –no en exclusiva– los más aguzados agentes delictivos cuyas especialidades y capacidades dependen de la escuela en la que se formen y de la “corriente de pensamiento” a la que estén adscritos. Su poder primigenio, como corresponde a los pobres, está vinculado a su capacidad de organización y a la omertá. De allí en adelante todo dependerá de su capacidad para el establecimiento de alianzas coyunturales y estratégicas, hasta establecer sociedades y consorcios en donde ya se suman accionariamente agentes de seguridad del Estado y cuadros internacionales. El ámbito de acción –como corresponde a esta época– va de lo local a lo regional y global. El estadio de acción primario es el barrio.

El sujeto impositivo es la señora y el señor del barrio y el hecho generador la venta en pequeño de la que sobreviven. No importa qué venden. Aquellos comerciantes, no tienen más opción de debitar de sus ingresos, el impuesto de la “muchachada” o –en su defecto– encomendarse a la funeraria más cercana con un servicio prepago, que incluya caja decorada con ángeles y misa colectiva. De la seguridad del Estado no esperan nada y para mayor infortunio, la gavilla barrial no es parte del mandato de la CICIG ni del MP. Tampoco caben recursos de inconstitucionalidad. No importa que se trate de doble tributación. No queda más que resignarse. En esa dirección, la señora de las verduras cavila: Quizá sería mejor legalizar el asunto y asignar la seguridad del barrio a la muchachada organizada, pagándoles por ello, al final son más efectivos, que los azules. Nadie de los que pagan es víctima de venganza o de otra tropelía. Es esa la realidad que ahora vivimos: entre justicia por mano propia y encargársela a la gavilla, la diferencia no es mucha. Sin embargo, pese a la tempestad nadie parece percatarse y tomar acción en serio. Nos estamos resbalando despacio hacia la anarquía. A la autoridad no parece importarle, a los “generadores de empleo” menos.

Este acoso de pobres contra pobres. No es más que forma alternativa de generar ingresos. Eso piensan en el barrio, sin embargo, apareja resultados dolorosos: sangre de pueblo. El otro resultado es político, el que menos interesa al pueblo: El Estado se desvanece, su legitimidad está maltrecha: Unos roban, otros escamotean impuestos, pagan mal, no hay justicia agraria, roban ríos. Con estas actitudes ¿quién generó la debacle?

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